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Archive for 10 septiembre 2010


Somos una Comunidad que tiene sus raíces en Císter, abadía francesa fundada por los santos Roberto, Alberico y Esteban, de la que San Bernardo de Claraval fue gran impulsor.

La Comunidad existía ya en el año 1180 en la localidad de Renuncio, situado a 7 Km. de Burgos.

Más tarde ha permanecido en el Monasterio de las Calzadas hasta el año 1973 que se trasladó al actual de los Pisones.

 

Nos define un estilo de vida simple y austero en la búsqueda de Dios,

  • en el seguimiento de Cristo y su evangelio.
  • en una Comunidad estable “Escuela de Caridad, en la alegría del Espíritu Santo”.
  • Cuidamos el ambiente de soledad, silencio, pobreza y sencillez.
  • Tenemos como modelo a María en la contemplación y escucha de la Palabra de Dios.

 

El fin espiritual de la Comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica.
En ella:

– Se escucha diariamente la palabra de Dios.
– Se ofrece a Dios el sacrificio de la alabanza.
– Se participa en el Misterio de Cristo.
– Y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo.

 

El esencial equilibrio de la vida cisterciense se establece entre Oficio Divino, oración, lectio divina y trabajo manual.
 

Capilla del Santísimo; lugar de adoración y oración personal. Las monjas nos aplicamos con frecuencia a la oración con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando en la tierra, vivimos con nuestro  espíritu en el cielo y deseamos la vida eterna con todo afán espiritual.

El trabajo, sobre todo manual, ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra de la creación en el compromiso del seguimiento de Cristo.

Goza de alta estima en la tradición cisterciense.

Procura la subsistencia a las monjas y a otras personas más necesitadas y es signo de solidaridad con nuestros hermanos los hombres.

Principalmente, nuestro trabajo consiste en la elaboración del pan eucarístico, que más tarde, en la Eucaristía, se convertirán en el Cuerpo y la sangre de Cristo.

Hospederia

Ofrecemos un espacio de silencio y paz, no como ausencia de ruidos, sino como una realidad de la bondad de Dios, donde sin prisas, poder experimentar que el tiempo también puede ser una ofrenda a Dios, con la posibilidad de orar con la Comunidad a través de la Liturgia.

Nuestra hospedería monástica es un lugar de acogida:

  • Para aquellas personas que busquen un descanso para su alma a través del silencio y la oración.
  • Para quienes quieran reflexionar sobre su vida
  • Para quienes deseen hacer días de retiro y Ejercicios Espirituales
  • Para aquellas personas que quieran encontrarse con Dios y consigo mismo.
  • Para familiares de las monjas

Tienen fácil acceso directo a la Iglesia. Pueden participar en la liturgia con las monjas.

 

Paseo de los pisones Nº 60    09001 

Burgos España

Teléfono: 947 20 51 18

Fax: 947 20 51 18

Correo: ocsosbb@planalfa.es

 

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Síntesis de la doctrina espiritual de San Bernardo de Claraval (Parte 11)

 La unidad de espíritu

 

Este abrazo es la unitas spiritus, la unidad de espíritu, expresión clave en la mística de los autores cistercienses, que es unión de voluntad: “me une a él cuando me conforma consigo” (SCant 71,5). Mientras el Padre y el Verbo son una única sustancia, Dios y el alma son un espíritu, una conciencia, una voluntad, un amor. Son un espíritu por la unión y compenetración de voluntades: “esta unión radica en la comunión de voluntades y en el consenso del amor” (SCant 71,9). Para los antiguos, voluntad y amor prácticamente se identifican. Voluntad no es sólo la facultad del asentimiento y de la acción, sino además, puesto que es también movimiento del alma hacia el bien, es igualmente la facultad del amor y del deseo, la capacidad de querer y amar. Por eso, comunión de voluntad es lo mismo que comunión de amor. Por ser voluntaria, de esta unión forma parte necesariamente la libertad, ya que el hombre siempre puede separar su voluntad de la divina. Pero cuando la voluntas communis es tan total que desaparece por completo la propia, entonces es el matrimonio espiritual y la unidad de espíritu:

 El hecho de querer y no querer al unísono hace de los dos un mismo espíritu. Y no hay que temer que por la disparidad de las personas flaquee en algo la armonía de las voluntades, porque el amor ignora la reverencia. El amor saca su nombre del verbo amar y no del verbo honrar… La que ama, ama y no sabe otra cosa. Aquél que merece ser honrado y admirado, sin embargo prefiere ser amado… ¿Qué otra relación o unión puedes buscar entre los esposos que no sea el mutuo amor? Este vínculo es más fuerte que lo que la naturaleza unió más estrechamente, cual es el lazo de unión entre padres e hijos (SCant 83,3).

 No fluyen con la misma abundancia el amante y el Amor, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, la criatura y el Creador, el sediento como la fuente. ¿Entonces qué? ¿Se resentirá por ello y se anulará totalmente el deseo de la futura esposa, el anhelo de la que suspira, el ardor de la amante, la confianza anticipada, porque no puede correr al paso del gigante…? No. Aunque la criatura ama menos porque es menor, sin embargo ama totalmente con todo su amor, y nada falta donde se entrega todo… Por eso, como he dicho, amar así es desposarse; porque no puede amar de esta forma y ser poco amada, ya que en el consenso entre dos se apoya la fe conyugal íntegra y perfecta… Es el amor santo y casto, el amor suave y dulce, el amor tanto más claro cuanto más sereno, el amor mutuo, íntimo y fuerte que une a dos, no en una carne, sino en un espíritu, que hace de dos uno, como dice san Pablo: el que se une a Dios es un espíritu con él (SCant 83,6).

 Esta unión de voluntades, y por tanto de dos vidas que se hacen una, es un canto nupcial que sólo es comprendido por los que lo han experimentado (SCant 1,11). Sólo ahí, in spiritu, en la dimensión más espiritual de la conciencia, puede tener lugar esta unión, porque Dios es Espíritu. Esta experiencia -aunque sólo fuera fugaz- de plena conformidad con Dios, hace presentir al alma su estado definitivo, cuando la voluntad creada sea, como en el origen, una con la del Creador, y todo affectus y voluntad se disuelvan, por así decirlo, y se derrame en la única Voluntad divina: “Que nuestro gozo sea su misma Voluntad realizada en nosotros y a través de nosotros” (AmD X, 28).

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