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Archive for the ‘Monasterios de la Congregación de San Bernardo’ Category


Somos una Comunidad que tiene sus raíces en Císter, abadía francesa fundada por los santos Roberto, Alberico y Esteban, de la que San Bernardo de Claraval fue gran impulsor.

La Comunidad existía ya en el año 1180 en la localidad de Renuncio, situado a 7 Km. de Burgos.

Más tarde ha permanecido en el Monasterio de las Calzadas hasta el año 1973 que se trasladó al actual de los Pisones.

 

Nos define un estilo de vida simple y austero en la búsqueda de Dios,

  • en el seguimiento de Cristo y su evangelio.
  • en una Comunidad estable “Escuela de Caridad, en la alegría del Espíritu Santo”.
  • Cuidamos el ambiente de soledad, silencio, pobreza y sencillez.
  • Tenemos como modelo a María en la contemplación y escucha de la Palabra de Dios.

 

El fin espiritual de la Comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica.
En ella:

– Se escucha diariamente la palabra de Dios.
– Se ofrece a Dios el sacrificio de la alabanza.
– Se participa en el Misterio de Cristo.
– Y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo.

 

El esencial equilibrio de la vida cisterciense se establece entre Oficio Divino, oración, lectio divina y trabajo manual.
 

Capilla del Santísimo; lugar de adoración y oración personal. Las monjas nos aplicamos con frecuencia a la oración con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando en la tierra, vivimos con nuestro  espíritu en el cielo y deseamos la vida eterna con todo afán espiritual.

El trabajo, sobre todo manual, ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra de la creación en el compromiso del seguimiento de Cristo.

Goza de alta estima en la tradición cisterciense.

Procura la subsistencia a las monjas y a otras personas más necesitadas y es signo de solidaridad con nuestros hermanos los hombres.

Principalmente, nuestro trabajo consiste en la elaboración del pan eucarístico, que más tarde, en la Eucaristía, se convertirán en el Cuerpo y la sangre de Cristo.

Hospederia

Ofrecemos un espacio de silencio y paz, no como ausencia de ruidos, sino como una realidad de la bondad de Dios, donde sin prisas, poder experimentar que el tiempo también puede ser una ofrenda a Dios, con la posibilidad de orar con la Comunidad a través de la Liturgia.

Nuestra hospedería monástica es un lugar de acogida:

  • Para aquellas personas que busquen un descanso para su alma a través del silencio y la oración.
  • Para quienes quieran reflexionar sobre su vida
  • Para quienes deseen hacer días de retiro y Ejercicios Espirituales
  • Para aquellas personas que quieran encontrarse con Dios y consigo mismo.
  • Para familiares de las monjas

Tienen fácil acceso directo a la Iglesia. Pueden participar en la liturgia con las monjas.

 

Paseo de los pisones Nº 60    09001 

Burgos España

Teléfono: 947 20 51 18

Fax: 947 20 51 18

Correo: ocsosbb@planalfa.es

 

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Monasterio Cisterciense del Salvador

Somos una comunidad de monjas contemplativas, es decir, un grupo de hermanas que participando de las mismas aspiraciones de todo corazón humano, y habiendo escuchado, en nuestro interior, la llamada a vivir enteramente para el Señor Jesús, intentamos vivir una espiritualidad centrada en la búsqueda del Rostro de Dios, donde se halla la salvación y la vida eterna para el hombre: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a tí, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo…”   (Juan, 17,3) 

 Nuestra comunidad pertenece a la Congregación Cisterciense de San Bernardo, la cual es parte de la familia monástica que sigue a Cristo según la Regla de San Benito, documento escrito en Monte Casino, Italia, en el siglo VI.

Seguimos dicha Regla según la interpretación contemplativa promovida por la reforma cisterciense del siglo XII. Este movimiento renovador del monaquismo benedictino comenzó en el año 1098 con la fundación del monasterio de Císter, cerca de Dijon, Francia.  Los ideales de los fundadores de Císter han sido defendidos tenazmente por los monasterios de la Congregación a través de los siglos. 

Nuestra Congregación está asociada fraternal y jurídicamente a La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, más conocidos como Trapenses, con el fin de conservar mejor el patrimonio cisterciense, expresar la comunión en la misma espiritualidad  y fomentar la vida monástica cisterciense.

 El monasterio cisterciense del Salvador de Benavente, tiene su fecha exacta de fundación en Santa Colomba (pequeña localidad zamorana, situada a escasos cinco kilómetros de Benanvente) que en la actualidad se denomina “Santa Colomba de Las Monjas”) el 12 de diciembre de 1181.

No todos los historiadores  están de acuerdo sobre la procedencia de las primeras monjas, pero la mayoría de ellos se inclina por “Santa María de Gradefes, monasterio situado en la Provincia de León y fundado en el año de 1168.

 El monasterio Cisterciense del Salvador, ha conocido dos traslados:

1º. Los nuevos aires de renovación que soplaron a la Iglesia a través del Concilio de Trento, que invitaban a los monasterios a trasladarse dentro de las villas o ciudades para mayor protección de los mismos, junto a la situación comprometida del edificio que amenazaba ruina, obligó a las hermanas a trasladarse a la Villa de Benavente, hecho que se realiza el 23 de abril de 1581, exactamente cuatro siglos después de haber sido fundado.

Fachada del antiguo Monasterio en la Villa de Benavente…   

2º. Otros cuatro siglos más tarde, el 30 de Noviembre de 1976, se realiza el deseado y también doloroso, traslado del monasterio.  “Deseado” porque el nuevo y actual monasterio ofrecería un entorno más favorable a nuestra vida, y también una casa mejor acondicionada para las necesidades vitales de todo grupo humano.  “Doloroso”,  porque  aquellas paredes y vigas afectadas por las termitas eran testigos de la vida entregada de tantas hermanas, y también porque significaba distanciarse de tantos buenos amigos y vecinos de la amada comunidad.

…Un monasterio  de

 construcción moderna que

 acoge la historia de

 una comunidad contemplativa

 de más de ocho siglos de

 existencia…

 

EL   VIVIR  MONÁSTICO  CONTEMPLATIVO 

Nuestro vivir monástico está íntegramente ordenado a la contemplación.  Por eso las monjas se dedican al culto divino según la Regla de san Benito dentro del recinto del monasterio.  En soledad y silencio, en oración constante y gozosa penitencia, ofrecen a la Divina Majestad un servicio humilde y digno a la vez. (Constitución 2)

La oración es la realidad de nuestra vida que expresa más concretamente nuestra proyección hacia Dios en cuanto acto unificante de todo nuestro ser.

En general podemos decir que la oración es relación.  Sería la forma más amplia, más sencilla y más fácil de presentar la oración: Es relación, es diálogo, es comunicación, es amistad, es comunión con Dios.  Para esta relación, para esta comunicación y diálogo hemos sido creados por Dios.  Esto significa que cuando Dios nos creó, nos creó dialogales, comunicantes o comunicables; nos creó para ser criaturas orantes.

Fundamento antropológico:  En cuanto personas humanas somos uno en relación, somos yo mismo abierto al tú de los demás, somos dialogales.  Tenemos necesidad de comunicación y de comunión, y la experiencia nos enseña que esta necesidad solamente se sacia cuando aquel con quien nos comunicamos es absoluto, infinito, es decir, DIOS.

Nuestras relaciones humanas siempre tienen sus límites, porque en el fondo tenemos una necesidad absoluta de comunicación y de comunión con el Infinito y el Absoluto.  Hemos sido creados orantes y para orar. 

Fundamento teologal:  La oración es una actividad teologal antes de ser una actividad psicológica.  La oración es una comunicación que comienza en Dios.  La oración es una gracia, un don:  Nadie puede forzar a Dios a comunicarse con nosotros.  Y si la oración comienza desde Dios, la oración es don y es gracia.  Dios mismo cuando nos habla, nos capacita para responder.  Así como amándonos nos hace amables, capaces de amar y recibir amor, así también hablándonos nos hace comunicantes, nos hace capaces de respuesta.

¿Cómo se expresa en nuestra vida cotidiana esta amistad, esta relación, este diálogo, esta comunicación, esta comunión con Dios?

En nuestra vida monástica se expresa a través de la Liturgia y de la Escritura: son los fundamentos de la oración cristiana y monástica.  “Se escucha diariamente la Palabra de Dios, se ofrece a Dios Padre el sacrificio de alabanza, se participa en el Misterio de Cristo y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo” (Constitución 17,1)

 

La celebración de la Eucaristía:  La Eucaristía es manantial y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de las hermanas en Cristo; por eso se celebra diariamente por toda la comunidad.  De hecho, las hermanas se unen más íntimamente entre sí y con toda la Iglesia por la participación en el Misterio Pascual del Señor.  (C. 18) 

 El Opus Dei:   Nada se anteponga al  Opus Dei.  Por ello la comunidad celebra la Liturgia de las Horas que cumple, en unión con la Iglesia, la función sacerdotal de Cristo, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por la salvación de todo el mundo.  Este Opus Dei (Oficio Divino) se prolonga a lo largo del día, mediante el constante “recuerdo de Dios”. (C. 19)

 

La Lectio Divina: La lectio divina asidua fomenta sobremanera la fe de las hermanas en Dios.  Esta excelente práctica de la vida monástica, en la que, a ejemplo de María se escucha y rumia la Palabra de Dios, es fuente de oración y escuela de contemplación en la que la monja dialoga con Dios de corazón a corazón.  (C. 21)

 

Las monjas cistercienses buscan a Dios  y siguen a Cristo en una comunidad estable, escuela de caridad fraterna.   Porque las hermanas tienen un solo corazón y un solo espíritu, lo poseen todo en común.  Esto es lo que caracteriza nuestra vida común: la unidad de espíritu en la caridad de Dios, el vínculo de paz en la mutua y constante caridad de todas las hermanas, comunión en el compartir todos los bienes. (Constitución 3)

 

“Las moradas de los monjes en las colinas eran como santuarios llenos de coros divinos, cantando con la esperanza de la vida futura, trabajando para dar limosnas y preservando el amor y la armonía entre sí.  Y en realidad, era como ver un país aparte, una tierra de misericordia y justicia” (San Atanasio de Alejandría, Vida de San Antonio).

¡Sí… tierra de misericordia y justicia…!.  ¡Esto es lo que deseamos sea nuestra vida comunitaria!.  “Padre, que todos sean uno para que el mundo crea que tú me haz enviado..” (Jn. 17).  Lo que verdaderamente transforma el mundo es el testimonio de una comunidad que vive de la fe en Dios, y da signos de amor y de unidad. 

 Este fue el ideal, hecho herencia, de nuestro Padre San Benito, quien al final de su densa vida escribe:

Practiquen , pues, los monjes este buen celo con el amor más ardiente; esto es, que “se anticipen a honrarse unos a otros”; que se soporten con la mayor paciencia sus debilidades, tanto físicas como morales; que se obedezcan a porfía unos a otros; que nadie busque lo que le parezca útil para sí, sino más bien lo que lo sea para los otros; que practiquen desinteresadamente la caridad fraterna; que teman a Dios con amor; que amen a su abad con afecto sincero y humilde; que no antepongan absolutamente nada a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna” (Regla Benedictina, Cap. LXXII)

Císter quiso ser una schola caritatis, una escuela de amor.  Sin duda, la vida común constituye en ella una de las piezas claves.  Es una escuela de vida que asegura un aprendizaje concreto del amor.  Amando se llega a ser capaz de amar.

“De nada sirve vivir juntos, dice san Bernardo, si estamos separados en el espíritu; de nada sirve reunirse en un lugar, si nos separamos interiormente”.  Para crear esta comunión entre todos, es indispensable la acción del Espíritu Santo que se manifestará en la caridad mutua; pero esta caridad, que nos prepara ya a la contemplación de los secretos del Padre, se enraíza en la imitación de Jesucristo, que ha querido humillarse para revelar al hombre la verdad de su condición y conducirlo a su verdadero destino.  Esta humildad de Jesucristo se encuentra en la base de toda vida común: “Lo propio de la amistad, dirá el beato Guerrico, autor cisterciense de la segunda generación, es humillarse ante sus amigos“.

Efectivamente, la vida comunitaria  implica un camino de humildad, a través del cual uno va conociendo su propia pobreza e indigencia, su incapacidad de amar a los demás tal y como son.  Uno va descubriendo el misterio de su propia humanidad y la inmensa necesidad de ser salvado, transformado y  amado sin reservas por La Divinidad, Misterio Eterno de Amor Trinitario.  Sólo después de conocer un poquito la ternura misericordiosa y la paciencia amorosa del Señor para con nosotros mismos, uno puede ser capaz de abrirse al misterio “del otro”, respetándole en su propio camino, no juzgándole, perdonándole y acogiéndole con afecto tierno y sincero.

Así se forja el cor unum et anima una, un solo corazón y una sola alma de que hablan los Hechos de los Apóstoles acerca de la comunidad cristiana de Jerusalén considerada como el prototipo de toda comunidad cenobítica.  San Bernardo comenta:

“Haya entre vosotros hermanos queridísimos, tal unidad de espíritu que los corazones estén unidos amando y buscando un solo y mismo objeto, adhiriéndose a él, teniendo los mismos sentimientos unos por otros.  Y así, incluso  las diferencias exteriores escapan al peligro y no crean escándalo.  Cada uno puede tener su modo de hacer frente a las circunstancias; a veces, quizás, su propio modo de ver los asuntos terrenos, e incluso distinguirse de los demás por dones de gracia diferentes; y se verá que no todos los miembros se dedican a la misma actividad.  Pero la unidad interior y la unanimidad harán un único todo de la multiplicidad y reunirán las partes por el cimiento de la caridad y el vínculo de la paz”.

La vida fraterna  no impide la vida de soledad y silencio en la que se engendra la sabiduría, sino que purifica y profundiza la verdadera gracia del ser monja.  Ya en el siglo IV, Evagrio escribía: “El monje es aquel que está separado de todos y unido a todos”.  La comunidad contemplativa abre los corazones de sus miembros a una comunidad más amplia y universal.   “La vocación del monje lo obliga a vivir apartado del mundo, pero se encuentra en el corazón mismo de aquello que es más íntimo a cada hombre, su hermano.  Está en comunicación viviente con las aspiraciones esenciales que Dios ha colocado como semillas en su criatura.  La razón de ser del monje está identificada con la razón de ser que está en todo hombre” (Cartujo anónimo).  La vocación cisterciense está construida así en una aparente contradicción.  Cuanto más se entregue y se deje amar la hermana de Dios más podrá amar a sus hermanas de comunidad y más estará unida en una forma silenciosa y oculta a cada miembro del Pueblo de Dios.

“Mi soledad, sin embargo, no es mía, pues ahora veo cuánto les pertenece a ellos, y veo que tengo una responsabilidad por ella en atención a ellos, no sólo por mí.  Por estar unidos a ellos les debo a ellos el estar solo, y cuando estoy solo, ellos no son “ellos” sino mi propio yo.  ¡No son extraños!”  (Thomas Merton, monje cisterciense)

 

EL   VIVIR  MONÁSTICO  CONTEMPLATIVO

El Trabajo  

La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse las hermanas a unas horas determinadas en el trabajo manual… porque así son verdaderas monjas, cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles” . 
(Regla  de San Benito, Cap. XLVIII).

El trabajo, sobre todo el manual, que ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra divina de la creación y restauración, y comprometerse en el seguimiento de Cristo, goza siempre de alta estima en la tradición cisterciense.  El trabajo, arduo y redentor, procura la subsistencia a las monjas y a otras personas, especialmente a los pobres, y es signo de solidaridad con el mundo obrero.  Es además ocasión de una ascesis fecunda que ayuda al desarrollo y madurez de la persona, favorece la salud física y psíquica y contribuye sobremanera  a la cohesión de la comunidad.  (Constitución 26).

Este número de nuestras Constituciones, hace una buena síntesis de la teología y espiritualidad del trabajo, afirma en primer lugar:

    * “que es una participación en la obra creadora y redentora de Dios y resalta el realismo en el seguimiento de CristoAl trabajar, ejercemos una actividad creadora que es un reflejo de la de Dios.  Porque Dios es el primer y supremo trabajador que hizo el Universo, y continúa trabajando en la conservación de las criaturas y con sus intervenciones en la historia humana.  Toda la creación refleja las perfecciones divinas pero sólo el hombre es capaz de imitarle en su actividad creadora, por medio de su cooperación libre e inteligente en la obra de perfeccionar y transformar el mundo material.  Cristo es el Artífice divino, la manifestación encarnada de Dios en el mundo.  Vino a realizar la obra de su Padre: “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Jn. 5, 17)“Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar (Jn. 9,4).  Jesús vino a rehacer el mundo destruido por el mal, y asumió el trabajo humano.  En su vida oculta trabajó como artesano en Nazaret; entonces, y durante su vida pública, experimentó el cansancio y el agotamiento.  Los cristianos, y por tanto las monjas estamos llamados a una vida de trabajo en el servicio de Cristo.  Como miembros de su Cuerpo Místico, cooperamos a que se realice el plan divino, por medio de la extensión progresiva de la redención en favor de todos los hombres.

Igualmente, esta constitución hace notar los valores que se siguen del trabajo, a los que hoy somos tan sensibles:

    * procura la subsistencia propia, permite compartir los bienes, especialmente con los pobres, y nos hace solidarios con el mundo del trabajo.  El deseo de San Benito, es decir, lo ideal, es que el trabajo de las monjas sea el medio ordinario de mantener a la comunidad y  socorrer a los pobres.  Así por el humilde trabajo, se experimenta una mayor unidad a Jesús, Señor nuestro.

 * es una ascesis realista, que favorece la madurez de la persona y la salud física y psíquica y también contribuye a la cohesión de la comunidad.  Los monjes antiguos hacían del trabajo manual uno de los principales ejercicios ascéticos para progresar en la perfección.  San Jerónimo insistía en que sus monjes “trabajaran con sus manos no sólo para ganarse el pan, sino ante todo para el bien de su alma”.   El trabajo disciplina a la monja contra la inconstancia, contra la tentación de evadirse de la realidad y con ello fomenta el espíritu de recogimiento y de humildad.   Y por último, realmente el trabajo nos une y nos purifica comunitariamente, ya que nos obliga a salir de nosotras mismas y a ocuparnos de las necesidades de las demás. 

 

ACTUALIDAD

CONFORMACIÓN CON JESUCRISTO A TRAVÉS DE LA VIVENCIA AUTÉNTICA DE LA ASCESIS

(Conferencia preparada por nuestra hermana María Fernanda Soriano para todas las hermanas de La Congregación de San Bernardo)

 

Según la última carta de nuestro Abad General (Vida Común en Comunidad de Amor, 26 de Enero 2004), la ascesis era el modelo para presentar las formas monásticas, o disciplinas, hasta los años sesenta del siglo pasado. De acuerdo con esto, tendríamos que decir que me dispongo a hablar de un valor prácticamente trasnochado, algo así como que estoy comerciando con un producto que no está de moda…

La ascesis no es un valor caduco, anticuado, anacrónico, sigue siendo un valor actual y quizás más apreciado de lo que puede parecer. Es evidente que actualmente dentro de una escala de valores no iría a la cabecera de la lista, pero seguro que por lo menos sería mencionado. De no ser así, me atrevo a decir que es porque, más que hablado, es un valor vivido con mayor radicalidad, por quienes viven con “radicalidad”, y que impregna la vivencia de los valores humanos, cristianos, monásticos, logrando que sean aún más valiosos.

 El término como tal es muy rico en contenido. En realidad es algo así como un abanico de posibilidades, de las que podemos echar mano según lo necesitemos; o, como la caja de herramientas de un carpintero que contiene todo tipo de instrumentos para trabajar en el diseño de una obra de arte; ora tendrá que usar del martillo, ora de una sierra, ora necesitará un clavo, etc, pero todo sirve para el mismo fin. Naturalmente no lo podemos abarcar todo. Lo que me importa es buscar la imagen más adecuada de la ascesis cristiana, sin dejar de lado el aspecto moral y humanístico. Y ésta, la ascesis cristiana, consigue toda su identidad en la participación del misterio de la cruz y de la muerte de Cristo.  

Íntimamente unida a la fe en Cristo, la ascesis constituye una “tarea” de la que ningún creyente cristiano puede excusarse. La invitación de Jesucristo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mt. 6, 24), base de la ascesis cristiana, está  dirigida a todos los discípulos…  En consecuencia, no es una misión “exclusiva” de categorías especializadas, como por ejemplo las monjas cistercienses de la Congregación de San Bernardo, sino una vocación para toda la Iglesia, aunque la ascesis tenga “tipificaciones” diferentes, como lo es la ascesis típicamente monástica. Y dentro del monacato tendríamos que hablar de una forma típica de vivirla dentro del “Carisma Cisterciense”, tal como lo dice Vita Consecrata: Es necesario también tener presentes medios ascéticos típicos de la tradición espiritual y del propio Instituto. ( nº 38b).

 En nuestra constitución nº 25, sobre la ascesis, encontramos el espíritu con el que hay que emplear los medios ascéticos: “Por eso la monja debe acogerse gustosamente y con espíritu de gozosa penitencia a los medios que para este fin emplea la Congregación.  ¿Cuáles son estos medios?. Lo dice a continuación: el trabajo, la vida escondida, la pobreza voluntaria, las vigilias y los ayunos. Es cierto que son los que practicamos en nuestros Monasterios, aunque no todos con la misma intensida. Habría que preguntarnos si los practicamos “gustosamente” y “con espíritu de gozosa penitencia”….  Lo que sigue  a continuación son iniciativas personales que me mueven a tener dicha actitud; al compartirlas espero que también para Vds sean causa de estimulo.

 

La ascesis, participación –Practicación- de la vida de Jesucristo.

Vista desde el Evangelio, o iluminada por él, la “práctica” de la ascesis tendría que ser una buena noticia, es una buena noticia, ya lo veremos.

            Efectivamente, es una buena noticia ya que no se trata de una práctica cualquiera, se trata de “practicar” a una persona: Jesucristo, acontecimiento escatológico de salvación. Practicar la ascesis será entonces comenzar a participar del acontecimiento escatológico de nuestra salvación. Es, en cierta forma, una “práctica” del cielo; entrenarnos en las obras del Reino de Dios.  Esta fue la ascesis de Jesucristo. Evidentemente la ascesis no es ningún fin, ninguna meta. La meta, el fin, es Él mismo: Jesucristo.

Este Jesús, con el que nos configura la ascesis, ha dicho que en el Reino se ceñirá, nos sentará a la mesa y nos servirá de uno en uno (cf Lc. 12, 37). En consecuencia, hay que decir que el cielo es algo dinámico. Nosotros, sin embargo, solemos comparar el cielo con algo así como el “descanso eterno”. No obstante, los grandes místicos han sabido intuir que el progreso del espíritu no acaba: también es eterno. Nunca dejaremos de desear ser transformados por Dios en Dios. Es la gran intuición de Gregorio de Nisa: “El que asciende no cesa nunca de ir de comienzo en comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce.” (in cant 8)

Hadewijch de Amberes, mística y poetisa del s.XII,  nos viene a decir que es en el Reino de Dios donde se nos concederá practicar plenamente la gran obra del Amor. Será allí la plena participación en la Vida de Jesucristo, por lo que la práctica de la ascesis aquí, en esta vida, será comenzar a gustar la Vida eterna : “Los que desean y tienden a satisfacer a Dios con amor comienzan aquí la vida eterna, que es la de Dios mismo en la Eternidad. Pues el cielo y la tierra renuevan a cada instante el compromiso de ofrecerle amor con plenitud y corresponderle con la dignidad que le es propia, pero jamás lo consiguen perfectamente. Por eso, el hombre que ni descansa ni acepta consuelo extraño al Amor, sino el que le proporciona el esfuerzo de satisfacerlo a todas horas, comienza aquí la vida eterna. (Handewijch de Amberes Carta XII)

Por otro lado, tal ejercicio, típico de la fe, no significa fundamentalmente acción, compromiso o esfuerzo autónomo del hombre; responde, más bien, a la “urgencia” de operar una renovación que se adecue radicalmente a la acogida-obediencia de la fe.  Practicar es, pues, fundamentalmente “practicar la propia muerte” o la propia pérdida, “llevando siempre y por doquier en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Cor 4,10). La ascesis cristiana, no es el ejercicio de sí, sino el ejercicio de Otro para dejarnos identificar y conducir por Él.

En realidad, parece que me he contradicho en lo que digo. Por un lado he dicho que la ascesis es una “práctica del cielo”, y por otro “practicar la propia muerte”. ¿Cuál hay que elegir?. ¿Se trata de dos prácticas diferentes? ¿O se trata más bien de un solo proceso que necesita de ambas prácticas?. Es decir, ¿Se trata de “practicar” la muerte, para realizar la “práctica” del cielo?… Creo que no hay otra respuesta que la vida misma de Jesucristo: “Nunca hay que olvidar que el buen servicio y el sufrimiento del exilio aquí abajo son parte de la vida humana: lo mismo le correspondió a Jesucristo mientras vivió sobre la tierra… Él mismo se lo aseguró a una persona: donde está el Amor también están los grandes trabajos y las graves penas. Sin embargo, todo sufrimiento tiene su dulzura: quit amat non laborat, que cuando se ama no se siente la pena”.  Más adelante continúa Hadewijch de Amberes, diciendo “Con la Humanidad de Dios, debes vivir tú aquí abajo, entre las labores  y los dolores del exilio, y con la Divinidad eterna y todopoderosa, debes amar y alegrarte en tu interior con dulce abandono. El verdadero cumplimiento de estos dos aspectos reside en un solo y único goce”. (Carta VI).

Entonces, si el “objeto” de la “práctica” ascética de la monja es Cristo mismo, ésta  equivaldrá entonces a “frecuentarlo”, “conocerlo” (Jn. 17,3), “seguirlo” (Mc 1,17) dejándonos modelar por Él (Rm 8,29), hasta compartir totalmente su destino: llevar su cruz (Mc 8,34); morir su muerte y resucitar su resurrección en el bautismo (Rm 6,3). Estos son los “auténticos”, irrenunciables e irrevocables ejercicios; esta es la verdadera ascesis de todo creyente cristiano. ¡No hay otra!.

Bien nos confirma la experiencia que la donación de la vida, es la que nos da más vida. Es verdad que el que pierde gana.  Es más dichoso el que da que el que recibe. Esta es la Buena Noticia: Si luchamos, nos esforzamos, nos cansamos, por adelantar su Reino, en realidad no morimos: descansamos interiormente, crecemos espiritualmente, maduramos humanamente, renacemos internamente, revivimos plenamente de día en día hasta la última pascua, cuando pasemos de la muerte a la vida.

Podemos pues, llegar a formular una pequeña reflexión de acuerdo con nuestra experiencia que nos ha confirmado el párrafo de Hadewijch de Amberes que acabamos de leer: “la ascesis es un estilo de vivir, propio de la persona que ama y se ha sabido amada: de la que puede decir a Dios, con su dolor, su enfermedad, su fatiga, su cansancio por los demás, te amo, te amo más que a mí misma.”

Alguna vez, redactando este trabajo, he pensado en mi madre, y pensaba que si ella supiera que en estos momentos yo les estoy hablando de “ascesis”, lo primero que haría sería preguntarme qué significa eso. Al explicarle en términos humanos lo que es, seguro que me diría: “hija, quítate de allí; la que tengo que hablar de ascesis soy yo”.

Esto lo descubrí un día en la oración. Me preguntaba qué era lo que hacía a mi madre levantarse tan temprano, dejar preparada muchas cosas antes de irse a trabajar, llegar a casa cansada y seguir muchas veces trabajando, sacar tiempo para ir a la Iglesia, etc, etc. Y lógicamente llegué a la conclusión que porque nos amaba. Porque nos amaba, no le importaba sacrificarse por mí y por mi familia, claro, no era yo sola. Pero este sacrificarse, esforzarse, ir dejando la vida, era una forma de decirnos “las amo”, aunque muy pocas veces lo dijera con la boca, ella lo practicaba y con su ejemplo me ha enseñado lo que es amar.

Bien, perdón por el desvío, pero es para ver que la ascesis es lo propio del amor, de la persona que ama.  Por eso es lo propio de Dios, por eso podemos hablar de Jesucristo como el gran asceta, no en sentido moralista, sino como el que ha llevado  la ascesis a su plena validez: Él fue el gran perdedor y el gran  donante. Él nos lo dio todo, nos dio su vida, hasta la última gota de sangre. Él se hizo pan y se dejo comer. Él nos ha dicho en la cruz a cada una de nosotras “te amo”, “te amo más que a mí mismo”.

 

Ascesis y Mística en Marta y María.

Podemos leer las figuras de Marta y María como las de un verdadero progreso en el espíritu, a través de la ascesis física y espiritual, hasta llegar a la plena identificación con  la suerte del Maestro.

La interpretación es un tanto personal, por lo que pido disculpas anticipadas por cualquier fallo. Son más bien intuiciones, desde mi propia experiencia, que comparto ahora con Vds.

Marta y María, son Marta y María, dos personas distintas que nos dejan un solo Mensaje, mensaje con mayúscula, Jesucristo.

 Veamos el crecimiento de Marta. Según Lc.10 (v.39ss) Marta es quien invita a Jesús a su casa, es quien decide cómo atenderlo, qué hay que hacer para recibirlo; se “esfuerza” por preparar una cantidad de detalles que el “Huésped” no ha pedido. En el texto se dice que: “Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. ¿Sabía ella misma qué era lo que estaba haciendo, o hacía sin saber lo que hacía? ¿Cuántas vueltas daría, quizá para hacer mil veces la mismas cosas? ¿Serviría lo que hacía?. Marta daba pero no se daba. Su queja denota su insatisfacción: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?”. Sorprende la confianza de Marta para “reclamar” a Jesús lo que ella misma ha montado. Pero, nos revela también su ignorancia respecto al Maestro. Marta, ciertamente, quedó cariñosamente mal parada. La réplica de Jesús: “Marta, Marta, te preocupas  y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor de una sola…”, son una voz del Maestro que le obligan a detenerse también espiritualmente. El estrés le había obligado a dejar sus tareas para pararse físicamente frente a Jesús. Ahora es Jesús quien le llama a detenerse interiormente, a volverse hacia Él: Él es la mejor parte. Marta, no ha caído en la cuenta que en su casa hay “Uno” que desea ser acogido en el corazón. Quizá, en la réplica de Jesús resuenen aquellas palabras del Cantar de los Cantares: “Si alguien ofreciera los bienes de su casa por el amor, se granjearía el desprecio”. (Ct.8,7)

Marta tuvo que reencontrarse a la luz de esta Palabra y reencontrar de esta forma el sentido de su esfuerzo, con ello nos iluminó también la verdadera ascesis cristiana. Sólo más tarde, en vísperas de la última cena, se nos dirá que Marta “servía” (cf. Jn. 12,2). Reconciliada con el servicio, Marta prefigura al Servidor de todos, el que dijo “yo he venido a servir y no a ser servido”. El itinerario de Marta, su proceso ascético, pasa por el diálogo personal con Jesús en el episodio de la resurrección de Lázaro (Jn.11, 1-43) y culmina en el servicio gratuito y testimonial, antes de la Pascua del Señor.

 Vamos ahora con María. Ella también hace un proceso ascético. Sentada a los pies de Jesús, supo reconocer que el “Visitante” era el que servía: servia su Palabra. Ella supo intuir que el “Huésped” quería ser acogido, no sólo atendido. Conocía al Maestro. Se reconocía en Jesús y en lo que Él le decía; sabía que si algo necesitaba Él lo pediría. Su ascesis se centraba en la escucha, atenta a lo que Él decía. Le bastaría un gesto de necesidad de Jesús para levantarse rápidamente y atenderlo. De hecho es la reacción de ella cuando, en el pasaje de la resurrección de su hermano Lázaro, Marta le dice al oído: “el Maestro está ahí y te llama”. Ella en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente (Jn 11, 29s). Experta en escuchar la voz del Maestro, a través de la ascesis espiritual, corre a su encuentro. María, también hace un recorrido hasta llegar a la plena identificación con la misión de Jesús. Paradójicamente, su ascesis espiritual termina también en el servicio gratuito y testimonial en vísperas de la última cena. Mientras Marta sirve, ella presta otro servicio, lejos de ser mera pasividad es una acción dinámica: Ungir los pies de Jesús.

Así, ambas hermanas, quedan reconciliadas en la plena identificación con la misión del Maestro, ambas prestan un único servicio: anticipar la Pascua de Jesús. Su ascesis, tanto física como espiritual, es una sola y culmina en la plena comunión con el Misterio de Jesucristo, único Maestro y Señor. Ambas se convierten para nosotras en un solo programa de vida ascético-místico, o si se quiere ascético y místico.

 Con esto ya podemos formular otra reflexión: No se trata de separar ascesis y mística. Se trata de reconciliar a ambas. No se llega a una experiencia mística sin haber recorrido un camino ascético, largo y cansado, tiene que ser así. Pero no se puede perseverar en un largo camino ascético, si éste no es ya una forma de estar unidos al misterio pascual de Jesucristo.

 

 Con lo dicho ya podemos formular otras dos reflexiones: La ascesis cristiana y monástica, para ser tal, debe partir de una visión positiva y valiosa del ser humano, cuerpo y alma debe además, conducir a la restauración de nuestra verdadera imagen de Dios; o dicho de otro modo: La ascesis cristiana y monástica, auténtica, debe ayudarnos a crecer como personas humanas y divinas, a plenificar nuestro ser como mujeres  llenas de espíritu, y no a destruir  nuestra condición humana y sexuada, ya que de esta forma impedimos también nuestro propio crecimiento espiritual.  Sería lamentable que después de haber recorrido el camino ascético nuestro corazón en lugar de haberse ablandado y rejuvenecido, terminara endureciéndose y cerrándose a la gracia de Dios que sopla de tan diversas formas.

 

Necesidad de una visión sanadora de la ascesis

Los primeros padres del desierto ponen en vela contra la ascesis exagerada, que sin prestar atención a las propias limitaciones, quisiera someter a la fuerza al propio cuerpo. La Abadesa Sinclética, advertía: “Hay una ascesis exagerada que es del demonio, ya que también sus discípulos la practican. ¿Cómo podremos, pues, distinguir la ascesis divina y auténtica de la tiránica y demoníaca?. Claramente a través de la medida.” (Apo. 906)

La antropología cisterciense acentúa con fuerza la interacción del cuerpo y el alma. Los ejercicios de uno y otra son calificados como corporales y espirituales, exteriores e interiores. Lo hemos visto en Marta y María. San Bernardo en la Apología da la primacía a lo espiritual, citando a San Pablo: “Los ejercicios corporales sirven de muy poco, la piedad en cambio sirve para todo” (1ª Tim 4,8)

Con esto no estoy queriendo decir que no haya que dar importancia a la ascesis corporal. San Bernardo después de insistir en que el más santo no es el más cansado, afirma también la necesidad de la ascesis física: “las realidades espirituales, aunque sean de orden superior, apenas se pueden conseguir, ni conservar sin la ayuda del esfuerzo corporal, el mejor será aquel que discreta y oportunamente (discrete et congrue) se ejercita en unos y otros.”

Es preciso que las obras de las ascesis corporal se transformen en vino y este vino es la caridad…, dice Bernardo de Claraval. El temor se cambia en amor. El agua de la ascesis se convierte en vino místico, ya que animada por el fervor del amor, se realiza en ella, en el agua que es la ascesis, la unión con Dios. Se da una metamorfosis, es decir, cambio de forma, reforma, conversión.

Quizá esta concepción de la ascesis se acerque más a nuestra forma actual de vivirla: conducirnos a una mayor caridad. Un autor de nuestro tiempo dice así: “La abnegación cristiana, elemento constitutivo de la ascesis, debe desembocar en la comunión, en la participación de todos en la misma mesa, en la fraternidad… Lo más propio del cristiano es el amor. Como Cristo nos amó. Este será el verdadero test de la abnegación –ascesis- cristiana: ¿Conduce a una mayor caridad?”

Vamos a ver esto en una gran mística del movimiento de las Beguinas, muy cercana al movimiento cisterciense.

 

La ascesis en los ejercicios de Gertrudis de Helfta

Me detengo en Gertrudis porque tiene una visión muy equilibrada de las ascesis y se puede convertir en motivante para nosotras que vislumbramos la necesidad de la ascesis para llegar a una vivencia mística, sólo así podremos responder a nuestro mundo: generación cansada de fatigarse sin sentido.

Para ella, para Gertrudis, la ascesis no es nunca un autocastigo, sino una renuncia a sí misma, que está implicando “vivir” para convertirse: su visión es positiva cristológica y cristocéntrica. La experiencia de Gertrudis gira en torno a la persona de Jesús y el corazón de Cristo, es decir, la naturaleza humana de Jesús, Hijo de Dios. En su concepción de la ascesis pone el acento en el poder de la Ternura (pietas) divina –Amor- para transformar al ser humano, así lo pide en el ejercicio II:

“¡Ah!, que mi alma elija no saber nada fuera de ti

y que, bajo la disciplina de tu gracia,

instruida por la unión en la escuela del amor,

mis progresos sean grandes, rápidos, intensos…”

Siendo la acción de la persona la de acoger “activamente” la gracia de Dios que es la que hace todo…Es pues el amor quien despierta al alma:

“¿Hasta cuando esperará a que tú le ames?

Te ha comprado por un grandísimo precio a ti y a tu amor

Te ha preferido a su propio honor,

te ha amado más que a su noble cuerpo

Por eso,

ese dulce amor, esa suave caridad, ese amante fiel,

exige de ti un amor recíproco…

apresúrate a darle tu elección.(Ejercicio III)

Gertrudis ha superado el miedo que paraliza, no puede existir miedo a Dios, y por lo tanto tampoco al adversario. Si unimos nuestra voluntad a la voluntad divina, Dios combatirá por nosotros y alcanzaremos la victoria, es el mensaje de Gertrudis:

Quienes en este mundo aguantan pruebas,

saben qué cobijo les has preparado en tu paz,

 para defenderles contra la lluvia,

¡Ah!, ahora mira y ve mi combate;

adiestra mis dedos para la batalla.(EjercicioV)

La ascesis en esta mujer religiosa, no debe estar dirigida a extirpar las pasiones en el ser humano, sino a ordenarlas.

“Haz que mi alma vaya hacia ti

como una digna esposa,

de modo que mi vida esté ordenada en tu amor.”(Ejercicio VI)

            Pero, el orden de las pasiones, para Gertrudis, se va realizando poco a poco; sólo después de agotar las fuerzas en el servicio se puede penetrar en las profundidades íntimas, deliciosas y luminosas de la Santísima Trinidad.

Creo que en el pensamiento ascético de Gertrudis, podemos resumir todo lo que hemos dicho sobre nuestro tema:

1.      Siguiendo a otros autores de su tiempo piensa que no es fácil obtener el equilibrio entre sensibilidad afectiva y razón, la ascesis juega un papel muy importante para llegar a dicho equilibrio.

2.      Rechaza un ser sin pasiones porque Jesucristo nunca predicó la impasibilidad ni la poseyó, incluso en una visión le dice: “Yo mismo, mientras viví en la tierra, experimenté el dolor de las pasiones, en esto Gertrudis se me parece”. ¡Bendito parecido!. ¡Nos alienta en nuestro camino!. La vida de las pasiones en vez de turbar la vida de unión debe servirla y enriquecerla.

3.      Para ella, para Gertrudis es muy importante no separar, aislar, la ascesis de la mística.

4.      Llega a considerar la ascesis como una forma de unión cuando la justifica como participación en la misma ascesis de Cristo.

5.      Finalmente, la ascesis sólo tiene sentido si conduce a la plenitud del Amor-Ternura.

CONCLUSIÓN

Necesitamos recuperar una visión positiva de la ascesis, no como camino de salvación; nos salva el Señor por pura gracia, pero sí como camino para “dejarnos” salvar gratuitamente y nos conduzca a la plena identificación con el Misterio de Cristo: Amar tan apasionadamente la Vida, que no temamos la muerte.

De todas formas, creo que, tal como dijo Karl Ranner, el s. XXI será un siglo místico o no será; y como hemos visto, ascesis y mística no pueden ir separadas, entonces, seguro que será la mística quien resucite a la ascesis y le dé su verdadero sentido cristiano: la comunión con Cristo y los hermanos. ¿Cómo se tendría que vivir esto en nuestras comunidades?. Termino por donde comencé, con unas palabras de la última carta circular de Dom Bernardo:

o       Siendo comunidades de personas valiosas: por ser cada uno capaz de dar amor y recibir amor, a imagen y semejanza del mismo Dios

o       Siendo comunidades que valoran las observancias vivificadas por una visión común: como medios adecuados para la unión con Dios y con los hermanos.

o       Siendo comunidades que consideran el doble precepto del amor como el supremo valor que crea comunión pues permite que Cristo habite en y entre nosotros.

Con Gertrudis pidamos la gracia de la ascesis a fin de llegar, como ella, a la plena comunión con Jesucristo, la unión mística que tanto ansía nuestro corazón:

Que todas mis fuerzas estén tan próximas a tu amor,

y mis sentidos tan establecidos y afirmados en ti,

 que a pesar de mi débil sexo,

alcance por el vigor de mi alma y un espíritu viril

ese tipo de amor que lleva al lecho de la cámara interior,

para unirme perfectamente a ti.

Ahora, oh amor, retenme y poséeme, como posesión tuya,

pues fuera de ti ya no tengo ni espíritu ni alma.

Amén. (Ejercicio V)

 

Contacto

Monasterio Cisterciense del Salvador

Carretera a Villanueva S/N

49600 Benavente, Zamora.

Número de Teléfono: 980 631718

Número de Fax: 980 637857

 

 

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Monasterio Cisterciense de Santa María la Real de Gradefes

 

Pertenece a la Orden Cisterciense que tiene sus raíces en Císter, Abadía francesa fundadaen 1098 por los Santos Roberto, Alberico y Esteban.Hacia el año 1125 el mismo S. Esteban instituyó un monasterio de monjas y en 1188, al ser admitidas oficialmente las monjas en la Orden, el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas y sus filiales se incorporaron a la Orden y fueron encomendadas al cuidado pastoral del Abad de Císter.De tal forma se propagó este ideal de renovación bajo el impulso de S. Bernardo, que los monasterios de monjes y monjas, se extendieron más allá de Europa.En 1898 un grupo de monasterios Cistercienses femeninos españoles, que a lo largo de su historia se mantuvieron firmes al ideal monástico de los Stos. Roberto, Alberico y Esteban  del Císter primitivo se unieron a la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

 En 1955 algunos monasterios pasaron a formar la Federación de Monjas Cistercienses de la Regular Observancia de S. Bernardo en España.

En 1994 la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada erigió la Federación en Congregación Cisterciense de S. Bernardo y la asoció espiritualmente a la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

Dicha Congregación está formada por 23 monasterios esparcidos por toda España.

Los orígenes del monasterio de Santa María la Real de Gradefes se deben a doña Teresa Petri, quien al enviudar en 1164 decidió fundar un monasterio para monjas cistercienses en sus tierras de Gradefes. En 1168 llegaron las monjas que forman la primera comunidad, procedentes del monasterio navarro de Tulebras, siendo nombrada abadesa la propia Teresa Petri, quien ocupó el cargo hasta su muerte en 1187. En poco tiempo el monasterio debió alcanzar una importancia considerable, ya que de él salieron religiosas para dos nuevas fundaciones: en 1181, la de Santa Colomba de las Monjas, localidad próxima a Benavente, y en 1245, la de Otero de las Dueñas.
Del monasterio primitivo sólo quedan la cabecera de la iglesia, parte de la estructura del claustro y la sala capitular.

Desde sus inicios, en 1177, las obras sufrieron varias interrupciones, quizá por motivos económicos, lo que hace que en el monasterio de Gradefes haya varias etapas. A la primera, de finales del siglo XII y principios del siglo XIII, correspondería la cabecera de la iglesia, la sala capitular y parte del claustro; en el siglo XIV se realizó un amplio transepto que preveía una estructura de tres naves para el cuerpo de la iglesia; en época moderna se construyeron dos únicas naves: la sur y la central en la que en el siglo XVII se hizo el coro.

La iglesia de Gradefes es una excepción dentro de las tipologías planimétricas de edificios cistercienses femeninos. Su novedad radica en la presencia de una girola. En España la tienen cuatro monasterios, todos ellos masculinos, relacionados cronológica y estructuralmente con Gradefes, aunque con disposiciones espaciales más desarrolladas –Moreruela, Veruela, Fitero y Poblet- que, como ha indicado el profesor Bango, constituyen interpretaciones locales e independientes de lo que fue un modelo a imitar -Claraval II-. A éstos podrían añadirse los gallegos de Osera y Melón, pero matizando diferencias en su origen tipológico. La iglesia de Gradefes, a pesar de tener un planteamiento arquitectónico similar al de las anteriores, sin embargo, no necesitaba un número excesivo de capillas por ser una comunidad femenina, de ahí que éstas se reduzcan a tres.

El claustro mantiene la estructura primitiva -arquerías de medio punto volteando sobre pilares- aunque con modificaciones, siendo la panda oeste la única que se transformó por completo en el siglo XVIII. De las dependencias monásticas medievales sólo se conserva la sala capitular en la que destaca, por su originalidad, una entrada constituida por siete vanos, mayor el central, con arcos ligeramente apuntados y apoyados alternativamente en dos o tres columnas. Su construcción debe ser coetánea a la de la cabecera y es quizá la parte del monasterio que tiene mayor unidad.

Todas las Iglesias de la Congregación Cisterciense de S. Bernardo y todas las monjas están consagradas a la bienaventurada Virgen María, Madre y figura de la Iglesia en la fe, en la caridad y en la perfecta unión con Cristo.

Todos los días al final de la jornada la comunidad canta la Salve a la Virgen

…..”¡O clemens, o pía, o dulcis Virgo María!”.

La vida monástica en la Congregación Cisterciense de S. Bernardo está consagrada a Dios y se manifiesta en la unión fraterna, en el Oficio Divino, en la soledad y silencio, en la oración y trabajo y en la disciplina de vida.

Las monjas cistercienses buscan a Dios y siguen a Cristo bajo una Regla, en una comunidad estable, escuela de caridad fraterna.

Se permite un tiempo de compartir fraterno en el cual se cultivará el espíritu de familia, la caridad fraterna y una saludable distensión.

La mesa común significa y fortalece la concordia entre las hermanas. Por eso deben comer todas juntas.

“Siete veces al día te alabé” dice el profeta. Siete veces al día la comunidad se reúne en el coro para cantar las alabanzas al Señor, en las referidas horas de: Vigilias, Laudes, Tertia-Eucaristía, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.

 

 La Eucaristía es manantial y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de las hermanas con Cristo: por eso debe celebrarse diariamente por toda la comunidad.  

 

El fin espiritual de la comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica.

La liturgia de las horas es escuela de oración continua y tarea privilegiada de la vida monástica.

La Congregación es un Instituto Monástico de vida íntegramente ordenado a la contemplación.

Las hermanas se aplican frecuentemente a la oración con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando en la tierra viven con su espíritu en el cielo.

Para llevar una vida de oración y mantener trato íntimo con el Señor es imprescindible vivir en retiro, soledad y silencio.

La soledad es necesaria para la interioridad del propio ser. Favorece el trato a solas con el Señor.

Las hermanas viviendo en la soledad y el silencio, anhelan la quietud interior.

El silencio se considera como uno de los valores monásticos más peculiares de la Congregación: asegura a la hermana la soledad en la comunidad: favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna: abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo: estimula la atención del corazón y la oración solitaria con Dios.

 

Monasterio Santa Maria la Real de Gradefes

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 El Monasterio de Las Huelgas es muy conocido por su arte, por su historia, por su relevancia social en aquella época y el poder “cuasi episcopal” de las Abadesas; pero ¿han entrado en el fondo del porqué y para qué viven dentro del famoso cenobio las monjas que en él habitan?

 

 

La historia del Monasterio se inicia en 1187, cuando el rey Alfonso VIII y su esposa Leonor, deseosos de convertir este lugar en Panteón de Reyes y digno retiro de gran número de mujeres pertenecientes a la más alta aristocracia y la realeza, consiguieron, gracias al apoyo del Papa Clemente III y del Abad de Citeaux, Guido, llevar adelante una nueva fundación en Burgos, dando lugar al nacimiento del Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. La iniciativa fue muy bien acogida, convirtiéndose pronto en una realidad.

Sin embargo, la idea de Alfonso VIII de hacer de este Monasterio, Cabeza y Matriz de todos los conventos femeninos cistercienses de Castilla y León, iba a traerle serios problemas y gran oposición por parte de los monasterios que ahora Huelgas pretendía poner bajo su control, dado que habían sido fundados con anterioridad. Perales, Gradefes y Cañas fueron los que se mostraron más reticentes con esta nueva fundación, así como aceptar como cabeza rectora a este monasterio recién fundado, teniendo en cuenta que todos debían prestar obediencia, como filiales que eran, al Monasterio de Tulebras, en Navarra, primer monasterio de monjas cistercienses españolas fundado en 1157.

 

 El conflicto será largo y complicado, pero al final el rey conseguirá su propósito y en 1199, además de solucionar el problema, este Monasterio se incorporará a la Orden del Císter, poniéndose bajo la jurisdicción de la abadía de Cîteaux. A partir de estos momentos, las Huelgas constituirá una Congregación compuesta por los monasterios de Torquemada, Gradefes, Carrizo, Perales, San Andrés de Arroyo, Cañas y Fuencaliente, a los que se unieron, con el tiempo, los de Vileña, Villamayor de los Montes, Renuncio, Barría y Avia, siendo un total de doce abadías las afiliadas a este monasterio.

 

 Gozó, desde sus inicios, de la protección de Papas y Reyes, y en él, además de coronarse Alfonso XI y su hijo Enrique de Trastámara, se armaron caballeros Fernando III, Alfonso XI, Pedro I y Juan II.

 

 

 

El deseo de convertirse en un auténtico panteón funerario, no sólo de reyes sino también de nobles, pronto se haría realidad. Así entre los sepulcros más destacados, debemos señalar los del propio fundador, acompañados por sus reinas consortes e infantes de sangre real. Mención especial merecen los sepulcros de don Sancho, hijo de Fernando III el Santo y arzobispo de Toledo; la tumba de doña Blanca de Portugal y de doña Berenguela (hija de los fundadores), así como el sepulcro de don Fernando de la Cerda y de la infanta Leonor.

 

 

 

Grandes fueron los privilegios y donaciones por parte de las más distinguidas instituciones civiles y religiosas. A ello, debemos unir el extraordinario patrimonio económico que logró conseguir, llegando a convertirse en un auténtico señorío material, además de jurídico, asentado sobre un fuero particular que delegó en la abadesa el papel civil y criminal.

 

Tampoco debemos olvidar la autonomía espiritual tan grande que tuvo, y que sólo dependía del Papa, soslayando las atribuciones episcopales, de manera que, aunque como mujer no podía asumir las funciones de celebrar misa, confesar, ni predicar, sin embargo, era ella, la abadesa, la que daba licencias como los mismos obispos. Estos derechos prácticamente conseguirían mantenerse hasta la segunda mitad del siglo XIX al suprimirlos el Papa Pío IX, en 1873, a consecuencia de la Bula “Quae diversa”, promulgada para regularizar la situación de los territorios exentos en España, sometiendo el monasterio y sus filiales a sus respectivos obispos ordinarios del lugar.

 

 

 Ocho siglos han pasado, aunque no en vano, por esta abadía; y así ahora aunque han desaparecido todos sus títulos y sus riquezas materiales, todavía hoy podemos afirmar que el monasterio sigue vivo. En la actualidad son 36 monjas las que constituyen su Comunidad, de las cuales 5 se encuentran en la fundación del Monasterio de Lurín, en Lima (Perú), iniciada a finales de diciembre de 1992. Pertenecen a la Congregación cisterciense de San Bernardo, formada por 23 monasterios.

 

En el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, reside la Abadesa Presidenta de la Congregación, se tienen lugar los Capítulos Generales y se guarda el archivo de la Congregación.

 

  CAPÍTULO GENERAL (Septiembre 2007)

SS.MM. LOS REYES VISITAN A LA COMUNIDAD (Abril 2009) 

 

Lista de Abadesas

1 1187-1190 Ilmª SrªDª MISOL Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
2 1190-1205 Ilmª Srª Dª MARIA GUTIERREZ Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
3 1207-1230 Ilmª Srª Dª SANCHA GARCIEZ Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
4 1231-1238 Ilmª Srª Dª MARIA PEREZ DE GUZMAN Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
5 1240-1253 Ilmª Srª Dª INES LAYNEZ Abadesa perpetua Procedente de Tulebras
6 1254-1260 Ilmª Srª Dª ELVIRA FERNÁNDEZ Abadesa Perpetua  
7 1261-1262 Ilmª Srª Dª EVA Abadesa Perpetua  
8 1262-1266 Ilmª Srª Dª URRACA ALFONSO Abadesa Perpetua  
9 1266-1271 Ilmª Srª Dª URRACA MARTINEZ Abadesa Perpetua  
10 1271-1273 Ilmª Srª Dª URRACA DIAZ Abadesa Perpetua  
11 1273-1287 Ilmª Srª Dª MARIA GUTIERREZ Abadesa Perpetua  
12 1287-1295 Ilmª Srª Dª BERENGUELA LOPEZ Abadesa perpetua  
13 1296-1326 Ilmª Srª Dª URRACA ALFONSO Abadesa Perpetua  
14 1326-1332 Ilmª Srª Dª MARIA GONZALEZ AGÜERO Abadesa Perpetua  
15 1332-1351 Ilmª Srª Dª MARIA RODRIGUEZ DE ROJAS Abadesa Perpetua  
16 1351-1361 Ilmª Srª Dª URRACA FERNANDEZ DE HERRERA Abadesa Perpetua  
17 1361-1367 Ilmª Srª Dª LEONOR FERNANDEZ BARBA Abadesa Perpetua  
18 1368-1380 Ilmª Srª Dª ESTEFANIA DE FUENTE ALMEJÍ Abadesa Perpetua  
19 1380-1396 Ilmª Srª Dª URRCA DE HERRERA Abadesa Perpetua  
20 1397-1430 Ilmª Srª Dª URRACA DIEZ DE OROZCO Abadesa Perpetua  
21 1430-1433 Ilmª Srª Dª JUANA DE ASTUÑIGA Abadesa Perpetua  
22 1433-1436 Ilmª Srª Dª MARIA FERNANDEZ DE SANDOVAL Abadesa Perpetua  
23 1436-1457 Ilmª Srª Dª MARIA DE GUZMAN Abadesa Perpetua  
24 1457-1459 Ilmª Srª Dª MARIA DE ALMENAREZ Abadesa Perpetua  
25 1459-1477 Ilmª Srª Dª JUANA DE GUZMAN Abadesa Perpetua  
26 1477-1486 Ilmª Srª Dª MARIA DE HERRERA Abadesa Perpetua  
27 1486-1499 Ilmª Srª Dª LEOENOR DE MENDOZA Abadesa Perpetua  
28 1499-1525 Ilmª Srª Dª TERESA DE AYALA Abadesa Perpetua  
29 1525-1529 Ilmª Srª Dª LEONOR DE SOSA Abadesa Perpetua  
30 1529-1536 Ilmª Srª Dª LEONOR SARMIENTO Abadesa Perpetua  
31 1536-1539 Ilmª Srª Dª ISABEL DE MENDOZA Abadesa Perpetua  
32 1539-1543 Ilmª Srª Dª MARIA DE ARAGON Abadesa Perpetua  
33 1543-1555 Ilmª Srª Dª ISABEL DE MENDOZA Abadesa Perpetua  
34 1555-1566 Ilmª Srª Dª CATALINA SARMIENTO Abadesa Perpetua  
35 1566-1570 Ilmª Srª Dª INES MANRIQUE DE LARA Abadesa Perpetua  
36 1570-1582 Ilmª Srª Dª FRANCISCA MANRIQUE Abadesa Perpetua  
37 1582-1587 Ilmª Srª Dª LEONOR DE CASTILLA Abadesa Perpetua  
38 1587-1590 Ilmª Srª Dª INES ENRIQUEZ Abadesa Trienal  
39 1590-1593 Ilmª Srª Dª BEATRIZ MANRIQUE Abadesa Trienal  
40 1593-1596 Ilmª Srª Dª JUANA DE AYALA Abadesa Trienal  
41 1596-1599 Ilmª Srª Dª INES ENRIQUEZ Abadesa Trienal  
42 1599-1601 Ilmª Srª Dª JUANA DE AYALA Abadesa Trienal  
43 1601-1604 Ilmª Srª Dª MARIA DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
44 1605-1608 Ilmª Srª Dª FRANCISCA DE VILLAMIZAR CABEZA DE VACA Abadesa Trienal  
45 1608-1611 Ilmª Srª Dª JUANA DE LEYVA Y GUEVARA Abadesa Trienal  
46 1611-1629 Ilmª Srª Dª ANA DE AUSTRIA Abadesa Perpetua  
47 1629-1633 Ilmª Srª Dª ANA Mª MANRIQUE DE LARA Abadesa Trienal  
48 1633-1636 Ilmª Srª Dª CATALINA DE ARELLANO Y ZUÑIGA Abadesa Trienal  
49 1636-1639 Ilmª Srª Dª MAGDALENA ENRIQUEZ MANRIQUE Abadesa Trienal  
50 1639-1641 Ilmª Srª Dª CATALINA DE ARELLANO Y ZUÑIGA Abadesa Trienal  
51 1641-1644 Ilmª Srª Dª FRANCISCA BEAMONT Y NAVARRA Abadesa Trienal  
52 1644-1645 Ilmª Srª Dª ANA Mª DE SALINAS Abadesa Trienal  
53 1645-1648 Ilmª Srª Dª JERONIMA DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
54 1648-1651 Ilmª Srª Dª JERONIMA DE GONGORA Abadesa Trienal  
55 1651-1653 Ilmª Srª Dª ISABEL DE OSORIO Y LEYVA Abadesa Trienal  
56 1653-1656 Ilmª Srª Dª ANTONIA JACINTA DE NAVARRA Abadesa Trienal  
57 1656-1659 Ilmª Srª Dª JERONIMA DE GONGORA Abadesa Trienal  
58 1659-1662 Ilmª Srª Dª ISABEL DE OSORIO Y LEYVA Abadesa Trienal  
59 1662-1665 Ilmª Srª Dª INES DE MENDOZA Abadesa Trienal  
60 1665-1669 Ilmª Srª Dª ISABEL Mª DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
61 1669-1672 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE MENDOZA Y MIÑO Abadesa Trienal  
62 1674-1677 Ilmª Srª Dª ISABEL Mª DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
63 1677-1680 Ilmª Srª Dª INES DE MENDOZA Y MIÑO Abadesa Trienal  
64 1680-1683 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE MENDOZA Y MIÑO Abadesa Trienal  
65 1683-1686 Ilmª Srª Dª FELIPA BERNARDA RAMIREZ DE ARELLANO Abadesa Trienal  
66 1686-1689 Ilmª Srª Dª MELCHORA BRAVO DE HOYOS Y ACEVEDO Abadesa Trienal  
67 1689-1692 Ilmª Srª Dª TERESA ORENSE Y MANRIQUE DAVILA Abadesa Trienal  
68 1692-1696 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
69 1695-1696 Ilmª Srª Dª MELCHORA BRAVO DE HOYOS Y ACEVEDO Abadesa Trienal  
70 1696-1698 Ilmª Srª Dª TERESA ORENSE MANRIQUE Y DAVILA Abadesa Trienal  
71 1698-1701 Ilmª Srª Dª ANA INES DE OSORIO Y MENDOZA Abadesa Trienal  
72 1701-1704 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
73 1704-1707 Ilmª Srª Dª TERESA JOSEFA DE LANUZA Abadesa Trienal  
74 1707-1710 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
75 1710-1711 Ilmª Srª Dª ANA INES DE OSORIO Y MENDOZA Abadesa Trienal  
76 1711-1714 Ilmª Srª Dª TERESA JOSEFA DE LANUZA Abadesa Trienal  
77 1714-1715 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
78 1715-1718 Ilmª Srª Dª TERESA BADARAN Y OXINALDE Abadesa Trienal  
79 1718-1720 Ilmª Srª Dª ANA INES DE OSORIO Y MENDOZA Abadesa Trienal  
80 1720-1723 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE VILLAROEL CABEZA DE VACA Abadesa Trienal  
81 1723-1726 Ilmª Srª Dª ANA Mª HELGUERO Y ALVARADO Abadesa Trienal  
82 1726-1729 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE VILLAROEL CABEZA DE VACA Abadesa Trienal  
83 1729-1732 Ilmª Srª Dª ANA Mª HELGUERO Y ALVARADO Abadesa Trienal  
84 1732-1735 Ilmª Srª Dª CLARA ANTONIA HELGUERO Y ALVARADO Abadesa Trienal  
85 1735-1738 Ilmª Srª Dª TERESA BADARN Y OXINALDE Abadesa Trienal  
86 1738-1741 Ilmª Srª Dª ISABEL ROSA DE ORENSE Abadesa Trienal  
87 1741-1742 Ilmª Srª Dª TERESA BADARAN Y OXINALDE Abadesa Trienal  
88 1742-1745 Ilmª Srª Dª LUCIA DE MIOÑO Y SALAMANCA Abadesa Trienal  
89 1745-1748 Ilmª Srª Dª ISABEL ROSA DE ORENSE Abadesa Trienal  
90 1748-1751 Ilmª Srª Dª JOSEFA CARRILLO Y OCAMPO Abadesa Trienal  
91 1751-1754 Ilmª Srª Dª BERNARDA DE HOCES Y CORDOBA Abadesa Trienal  
92 1754-1756 Ilmª Srª Dª JOSEFA CARRILLO Y OCAMPO Abadesa Trienal  
93 1756-1759 Ilmª Srª Dª JOSEFA CLAUDIA DE VERRIO Y VILAROEL Abadesa Trienal  
94 1759-1762 Ilmª Srª Dª BERNRDA DE HOCES Y CORDOBA Abadesa Trienal  
95 1762-1765 Ilmª Srª Dª Mª BENITA DE OÑATE Y SAMANIEGO Abadesa Trienal  
96 1765-1768 Ilmª Srª Dª ROSA ROSALIA DE CHAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
97 1768-1771 Ilmª Srª Dª Mª BENITA DE OÑATE Y SAMANIEGO Abadesa Trienal  
98 1771-1774 Ilmª Srª Dª ANGELA DE HOCES Abadesa Trienal  
99 1774-1777 Ilmª Srª Dª Mª TERESA DE CHAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
100 1777-1780 Ilmª Srª Dª ANA Mª DE ACEDO Y TORRES Abadesa Trienal  
101 1780-1783 Ilmª Srª Dª Mª TERESA DE CAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
102 1783-1786 Ilmª Srª Dª Mª BENITA DE OÑATE Y SAMANIEGO Abadesa Trienal  
103 1786-1789 Ilmª Srª Dª Mª TERESA DE CHAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
104 1789-1792 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ORUÑA Abadesa Trienal  
105 1792-1795 Ilmª Srª Dª MARIA RASCON Abadesa Trienal  
106 1795-1798 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ORUÑA Abadesa Trienal  
107 1798-1801 Ilmª Srª Dª MICAELA OSORIO Y ORENSE Abadesa Trienal  
108 1801-1805 Ilmª Srª Dª FRANCISCA MONTOYA CARCEDO Y MIOÑO Abadesa Trienal  
109 1812-1815 Ilmª Srª Dª BERNARDA ORENSE Abadesa Trienal  
110 1815-1818 Ilmª Srª Dª LORENZA ORENSE Abadesa Trienal  
111 1818-1821 Ilmª Srª Dª Mª MANUELA DE LIZANA Abadesa Trienal  
112 1821-1824 Ilmª Srª Dª Mª FRANCISCA DE LOS RIOS Abadesa Trienal  
113 1824-1827 Ilmª Srª Dª Mª TOMASA ORENSE RABAGO Abadesa Trienal  
114 1827-1830 Ilmª Srª Dª Mª LORENZA ORENSE Abadesa Trienal  
115 1830-1833 Ilmª Srª Dª Mª TOMASA ORENSE RABAGO Abadesa Trienal  
116 1833-1836 Ilmª Srª Dª Mª BENITA RASCON Abadesa Trienal  
117 1836-1839 Ilmª Srª Dª Mª MANUELA MONTOYA Abadesa Trienal  
118 1839-1844 Ilmª Srª Dª Mª BENITA RASCON Abadesa Trienal  
119 1844-1847 Ilmª Srª Dª MªTERESA BONIFAZ Y BUSTAMANTE Abadesa Trienal  
120 1847-1850 Ilmª Srª Dª Mª MANUELA MONTOYA Abadesa Trienal  
121 1850-1853 Ilmª Srª Dª Mª CONCEPCION CASILDA ROZAS Y MEDINA Abadesa Trienal  
122 1853-1856 Ilmª Srª Dª Mª JOAQUINA CALDERON Y ANGULO Abadesa Trienal  
123 1856-1858 Ilmª Srª Dª Mª ROSARIO TAGLE Y CACHO Abadesa Trienal  
124 1858-1861 Ilmª Srª Dª Mª ANTONIA GONZALEZ AGÜERO Abadesa Trienal  
125 1861-1864 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA CALRA RUIZ PUENTE Abadesa Trienal  
126 1864-1867 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA TAGLE Y QUEVEDO Abadesa Trienal  
127 1867-1870 Ilmª Srª Dª Mª BENITA RODRIGUEZ MACHO Abadesa Trienal  
128 1870-1876 Ilmª Srª Dª Mª PILAR UGARTE Y CORTES Abadesa Trienal  
129 1876-1879 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA TAGLE Y QUEVEDO Abadesa Trienal  
130 1879-1883 Ilmª Srª Dª Mª PILAR UGARTE Y CORTES Abadesa Trienal  
131 1883-1884 Ilmª Srª Dª MARIA RUIZ PUENTE Abadesa Trienal  
132 1884-1887 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA TAGLE Y QUEVEDO Abadesa Trienal  
133 1887-18890 Ilmª Srª Dª Mª VIRTUDES VELARDE Y OCAMPO-HERRERA Abadesa Trienal  
134 1890-1894 Ilmª Srª Dª Mª ANGELES FERNANDEZ GRANDE Abadesa Trienal  
135 1894-1897 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
136 1897-1900 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
137 1900-1903 Ilmª Srª Dª Mª NICOLASA RUIZ PUENTE Y MERINO Abadesa Trienal  
138 1903-1907 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
139 1907-1910 Ilmª Srª Dª Mª FILOMENA DORRONSORO Y ZUAZOLA Abadesa Trienal  
140 1910-1915 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARMBURU Abadesa Trienal  
141 1915-1916 Ilmª Srª Dª Mª GLORIA CALDERON Y CADIÑAOS Abadesa Trienal  
142 1916-1919 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
143 1919-1922 Ilmª Srª Dª Mª GLORIA CALDERON Y CADIÑANOS Abadesa Trienal  
144 1922-1925 Ilmª Srª Dª Mª GLORIA CALDERON Y CADIÑANOS Abadesa Trienal  
145 1925-1928 Ilmª Srª Dª Mª FILOMENA DORRONSORO ZUAZOLA Abadesa Trienal  
146 1929-1932 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
147 1932-1935 Ilmª Srª Dª MARIA REY BOADA Abadesa Trienal  
148 1935-1938 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
149 1938-1941 Ilmª Srª Dª Mª AMPARO ABAD MEDINA Abadesa Trienal  
150 1941-1944 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
151 1944-1947 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
152 1947-1972 Ilmª Srª Dª Mª ROSARIO DIAZ DE LA GUERRA    
153 1973-1996 Ilmª Srª Dª PRESENTACION BALBAS MIGUEL    
154 1996- Ilmª Srª Dª MERCEDES AMUTIO LACALLE    

 

 

 Espiritualidad

 

La vida monástica en la Congregación Cisterciense de San Bernardo está consagrada a Dios y se manifiesta en la unión fraterna, en la soledad y silencio, en la oración y trabajo, y en la disciplina de vida.

 

 

 

 ORACIÓN (Ora)

 – “Opus Dei”. La Comunidad celebra la Liturgia de las Horas, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por el mundo entero.

– “Lectio divina”. La lectura asidua y reposada de la Palabra de Dios, escuchada y meditada, es fuente de oración y escuela de contemplación, en la que la monja dialoga con Dios de corazón a corazón.

 

 El SILENCIO se considera como uno de los valores monásticos más peculiares de la Congregación, asegura a la monja la soledad en la comunidad; favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna; abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo; estimula la atención y la oración solitaria con Dios.

 

 

 

 TRABAJO (Labora)

 

El trabajo procura la subsistencia a las monjas y a otras personas, especialmente a los pobres.

 

Nuestro trabajo consiste en:

– Decoración de porcelana

 – Rosarios

– Lavandería para hoteles

 

   FRATERNIDAD

Se permite un tiempo de compartir fraterno en el cual se cultiva el espíritu de familia, la caridad y una saludable distensión.

 

 HOSPITALIDAD

Mediante la acogida en la hospedería se ofrece un ambiente de paz y de silencio para todas aquellas personas que deseen unos días de oración y de reflexión.

 

 

 

 Monasterio de Santa Maria la Real de las Huelgas

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