Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Monasterios Cistercienses’


Monasterio de Monjas Cisterciense Calatravas Moralzarzal

 El fin espiritual de la Comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica, a la cual dedican gran parte de la jornada, para cumplir en unión de la Iglesia la función sacerdotal de Cristo, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por la salvación de todo el mundo.
La oración pública se prolonga a lo largo del día mediante la oración silenciosa y personal.
En la lectio divina, la monja se entrega a la escucha y rumia de la Palabra de Dios, fuente de oración y escuela de contemplación; en ella, la monja dialoga con Dios de corazón a corazón.
El trabajo, arduo y redentor, fuente de una fecunda ascesis, ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra de la creación y comprometerse en el seguimiento de Cristo pobre.

 

Orígenes

EL singular fenómeno de las Ordenes Militares es fruto de la fe y forma de vida propias del medievo.

En cierto sentido podría afirmarse que sus miembros fueron los herederos de los ideales de la llamada Orden de Caballería que recogía en su seno un largo proceso evolutivo, que arrancando del guerrero primitivo, tosco y brutal cuya fuerza residía con frecuencia en su fuerza y la destreza del uso de sus armas, al ejemplarizado caballero medio monje y medio soldado, como fruto maduro de progresiva cristianización de las costumbres de la sociedad medieval.

Junto a tan singular modo de vida hay que situar las célebres Cruzadas, la otra gran originalidad que pone ante nuestros ojos el espíritu aventurero, ardiente, lleno de fe, y no poco bárbaro, del hombre de la Edad Media.

Si a las Ordenes Militares, a las Cruzadas, al espíritu caballeresco de vivir la fe cristiana en el medievo y a los grandes complejos monástico-militares del Temple y las otras Ordenes Militares ya se han dedicado amplios y documentados estudios, no ha sido tal el caso por lo que respecta a la “parte femenina” de esas mismas Ordenes Militares.

Quisiéramos presentar ahora unos breves datos sobre el tema, que sirvan como punto de partida para estudios más complejos e informaciones más sustanciosas. Nos parece que debemos hacer justicia histórica a ese “complemento” de las Ordenes Militares que extiende sus ramas hasta hoy día, aportando frutos importantes a la historia y a la espiritualidad Cistercienses y que, en definitiva, forma parte de su gran patrimonio, máxime cuando aún hoy existen comunidades vivas descendientes y herederas de unos ideales que, aunque se crea lo contrario, no han prescrito aún, y tienen excelente cabida en el carisma cisterciense, tal y como este quiere presentarse ya en este siglo XXI.

El origen de las monjas en las Ordenes Militares responde también a la mentalidad cristiana y comprensión del ideal de caballería cristiana de que estaban imbuídos aquellos hombres que favorecieron el nacimiento y desarrollo de las comunidades femeninas, que debían servir de soporte orante y de intendencia espiritual a sus campañas militares y al mantenimiento de su vida espiritual.

“Moisés dijo a Josué: ‘Elige hombres y ataca mañana a Amalec. Yo estaré sobre el vértice de la colina con el cayado de Díos en la mano’. Josué hizo lo que le había mandado Moisés, y atacó a Amalec. Aarón y Jur subieron con Moisés al vértice de la colina. Mientras Moisés tenía alzada la mano llevaba Israel la ventaja, y cuando la bajaba, prevalecía Amalec. Como las manos de Moisés estaban pesadas, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él para que se sentara, y Aarón y Jur sostenían sus manos, uno de un lado y otro de otro; y así sus manos se mantuvieron firmes hasta la puesta del sol, y Josué exterminó a Amalec y a su pueblo al filo de la espada.” (Ex. 17, 9-14).

La reflexión sobre este pasaje bíblico les determinó en esta tarea. Ellos ciertamente necesitaban un Moisés que mantuviese en alto sus manos intercesoras mientras ellos peleaban en los campos de batalla; necesitaban a alguien tan potente y fuerte ante Dios que fuese capaz de aguantar en alto, venciendo el cansancio y la fatiga, hasta la puesta del sol, el deseado desarrollo de la batalla, alguien que no se rindiese ante la pesadez del ejercicio de las armas, alguien tan fuerte y poderoso que tuviese un corazón capaz de entregarse en total olvido, para agradar a Dios y que él lo mirase complacido y accediese con gusto a sus peticiones, ruegos y oraciones…

Lo decidieron: necesitaban una comunidad de “hermanas” que quisieran cubrir esta laguna orante en su batallar diario en favor del pueblo y de su fe por amor de Dios; y puesto que guerreaban contra poderosos enemigos, a El querían dar la victoria.

En tiempos del IX Maestre D. Gonzalo Yáñez de Novoa que gobernó la Orden desde 1218 a 1239 se llevó a cabo la fundación –en 1219–, del primer monasterio de monjas Calatravas, en San Felices de Amaya (Burgos).

Un año antes en 1218, en Pinilla de Jadraque (Guadalajara), ya se había fundado de nueva planta un monasterio femenino de la Orden de Císter. La iniciativa había partido del matrimonio Fernández de Atienza, poniéndose el cenobio bajo la advocación del Santísimo Salvador. El obispo de Sigüenza receptor de los bienes, D. Rodrigo, llevó a cabo la fundación y trajo como abadesa del cenobio a Doña Urraca Fernández, del monasterio de Valfermoso de las Monjas, que hoy es benedictino. El monasterio se edificó en Sothiel de Hacham, en el término de Pinilla, que más tarde se unió a Jadraque, o Xadrache

Pronto pasó a la observancia Calatrava, antes de 1265, –según algunos documentos que se conservan en el archivo de la Comunidad,– prestando las monjas a partir de entonces obediencia a los Maestres, quienes las dotaban de nuevas constituciones así como de su espíritu e idiosincrasia propias. Entorno a la segunda mitad del Siglo XII, se puso la cruz roja de la Orden sobre sus escapularios negros y sus blancas cogullas.

La tercera y última comunidad de Calatravas estuvo situada en el corazón mismo del señorío calatravo: la ciudad de Almagro (Ciudad Real), y su convento estuvo dedicado a María, en su misterio de la Asunción, según tradición de todas las casas cistercienses. Se fundó en el año 1544, siendo su fundador el Comendador Mayor D. García de Padilla.

Ya habían cambiado no poco los aires dentro de la Orden de Calatrava. Su Maestrazgo se había incorporado perpetuamente a la Corona de España y fue bajo el reinado del Emperador Carlos V cuando se llevó a cabo esta fundación, la más noble de las tres y la que dispuso de convento más rico y mejor dotado. La ocasión fue la dotación espléndida y excesiva que este Comendador Mayor, que murió con gran fama de santidad, hizo de un hospital en Almagro. Una vez edificado y dotado convenientemente el hospital el resto del legado se destinó a esta fundación.

La Orden vigilaba la vida de estas comunidades y las mantenía bajo su jurisdicción, ante la atenta mirada de su Maestre, que era el auténtico superior del Monasterio; éste, por sí mismo o por delegación en algún Comendador, confirmaba las nuevas admisiones, daba los oportunos permisos a la Abadesa, autorizando sus gestiones –sobre todo económicas–, visitaba, él personalmente o por un delegado, el convento; presidía la elección abacial cada tres años (aunque la Abadesa siempre podía acudir en caso de no ser convenientemente atendida por el Maestre, o cuando existía desacuerdo con él, al Abad de Morimond, que era la instancia superior de ambos).

Las “Visitas” del Maestre o sus representantes, efectuadas cada 3 años eran verdaderas Visitas Regulares. Normalmente las hacía un monje clérigo y un caballero, ambos calatravos. Se realizaba un escrutinio secreto a cada monja; visitaban el interior de la clausura, presidían la elección abacial y dejaban un escrito similar a las actuales Cartas de Visita, con los puntos que debían reformarse y los detalles de observancia en que debía ponerse mayor empeño.

La parte masculina de la Orden protegió a las monjas en todas sus necesidades a través de los siglos: estando a su lado, intentando cubrir sus necesidades; ayudando a las monjas en sus gestiones financieras y administrativas. Mientras existieron los miembros masculinos religiosos sobre ellos recaían las obligaciones de regir las capellanías con todas sus necesidades, y cuando llegó el caso las protegieron de la mejor manera que pudieron.

 

Evolución

 

Esta comunidad de monjas cistercienses se fundó en el año 1218 en la localidad de Pinilla de Jadraque (Guadalajara), primer lugar de asentamiento y desarrollo.

Las ruinas que hoy quedan de su edificio han ido sufriendo a lo largo de los siglos una serie de modificaciones que no nos permiten darnos una idea exacta de lo que fue su vida allí; pero lo que nos han legado, junto con la documentación existente, nos permiten llegar a saber que llevaron una vida próspera y apacible, silenciosa y sencilla, apartada de los grandes centros urbanos, muy a propósito para un monasterio cisterciense femenino de los siglos XIII al XVI, porque a ellas también les llegó la orden real de Felipe II para abandonar el lugar y habitar otro intramuros de alguna ciudad.

Las últimas obras de reforma se habían concluido en 1551, según consta en el grabado de una piedra con la cruz primitiva de la Orden, colocada sobre la puerta de acceso al recinto.

En 1576, el Real Consejo daba permiso a las monjas para efectuar el cambio. El lugar elegido fue Almonacid, junto a la encomienda de la Orden de Zorita de los Canes, cambiando su nombre por el de la Purísima Concepción de Nuestra Señora. Allí se comenzó la edificación del nuevo convento, que en 1581, estando ya el inmueble terminado, recibía a la Comunidad.

Pronto se levantaron voces de alarma debido a la insalubridad del lugar y a la pobreza extrema en la que vivían –en sólo los primeros años de permanencia murieron 24 monjas–. Pero gracias al esfuerzo de Doña Jerónima de Velasco, su abadesa, la Comunidad logró salir de allí en 1623 trasladándose entonces a Madrid. Mientras se edificaba su monasterio residieron en la calle Atocha durante 6 años. En 1629, bajo la abadiato de Doña María de Peralta se trasladaron a la calle de Alcalá.

La oración, los trabajos manuales y el oficio divino eran las principales ocupaciones de las monjas. En 1670 se colocó la primera piedra de la iglesia. Su bello exterior renacentista se remató con una torre ochavada, colocándose en la fachada principal las imágenes de la Inmaculada sobre la puerta y la cruz de la Orden en el rosetón, flanqueada por las estatuas de San Raimundo y Diego Velázquez. Poco después –en 1721–, se recibía una importante reliquia de San Raimundo, en una arqueta-relicario de plata repujada, que fue colocada sobre el altar mayor, en un lugar preeminente. El templo, desde entonces, fue utilizado por los caballeros calatravos que residían en la corte para celebrar en ella tanto sus oficios religiosos como sus capítulos

Poco después era proclamada la 1ª República, teniendo las monjas que desalojar su convento, ordenando entonces su residencia con las Comendadoras de Santiago. Dicho traslado imposibilitaría la recepción de nuevas vocaciones, motivo éste que obligaría a salir en 1896 a las dos únicas monjas supervivientes.

Así las cosas surgió otra mujer excepcional: Doña Concepción Baró, única superviviente de las monjas salidas de la calle Alcalá. Ayudada por los Caballeros Calatravos, y más concretamente por el Marqués de Pico Velasco, D. Federico Reinoso, abandonó la Comunidad de Santiaguistas junto a Doña Francisca Bayo, estableciéndose en el antiguo Convento Dominico de Jesús María de Valverde, en el pueblo de Fuencarral, que estaba vacío desde la Desamortización. Era el 13 de agosto de 1896.

Allí la comunidad pudo rehacerse numérica y económicamente, a la sombra de otra gran figura providencial, la Madre Pilar Carrasco. La Reina Mª Cristina y la Infanta Isabel fueron las mayores y más insignes benefactoras de la comunidad en esta época, que en 1902 recibía nuevas Constituciones, trasladándose en 1912 al paseo del Pintor Rosales nº 12. Sería aquí donde se les dotó de una nueva casa, aunque las hermanas no permanecerían en ella durante mucho tiempo. Llegó la 2ª República, luego el llamado Movimiento Nacional, con todas las tragedias, muertes y revanchas. El cuartel de la Montaña, que estaba frente al Convento, fue asaltado el 20 de junio, y el 9 de agosto, éste fue incautado y las monjas, tras dos días de interrogatorios, fueron a parar a la cárcel, siendo entonces reducido su edificio a un montón de ruinas.

La guerra terminó y la Comunidad, por mandato del Patriarca D. Leopoldo Eijo y Garay, se reunió en el antiguo beaterio de las Magdalenas de la Penitencia, sito en la calle Hortaleza, nº 88, de Madrid.

Será a partir de 1965 cuando la comunidad pasará a formar parte de la Federación de Monjas Cistercienses de la Regular Observancia de San Bernardo de España.

La búsqueda de un lugar más idóneo para vivir su vida monástica les llevó a dejar el inmueble sito en la calle Hortaleza en 1977 y, durante dos años, mientras se adelanta la construcción de un nuevo monasterio en plena sierra madrileña, residen en la calle Dolores Povedano, 11, instalándose finalmente la Comunidad en el monasterio que actualmente habita en Moralzarzal, el 1 de Febrero de 1980, aunque su iglesia no se consagraría hasta el 3 de noviembre de 1989

Vida

 

La vida cotidiana de la monja cisterciense se desarrolla en un espacio concreto y determinado: el monasterio, que gira simbólicamente alrededor del claustro. Es ahí donde debe vivir, en sincera comunión fraterna con sus Hermanas, desgranando y recorriendo el tiempo determinado que es su vida personal, entregándose a su quehacer cotidiano monástico. En cierto sentido, puede decirse que la monja recibe el don gratuito de su vocación con su género de vida concreto y hace, con su profesión, una renuncia a su propia vida a favor de la humanidad, después de este momento ya nada le pertenece en exclusiva, ni “su” tiempo, ni “su” voluntad, embarcada en una aventura divina trata de ir dando la vida paso a paso, con arreglo a un programa bien determinado: la vida monástica. Su vida está jalonada por los distintos oficios litúrgicos que van marcando y dando forma al diario vivir.

La privada abarca la oración propiamente dicha, que es ayudada y preparada con la práctica de la “lectio” con su escalada tradicional de “lectura”, “meditación”, “oración” y “contemplación”, para darla vida el silencio se convierte en ayuda imprescindible que cultiva y mantiene la presencia viva del Señor, el esencialmente OTRO, presente y actuante en toda la vida.

La oración litúrgica tiene sus propias connotaciones monásticas, la monja ora para el mundo, por él, y en su lugar y sobre todo ora con, en unión de Cristo, así su tiempo de oración queda donado y trascendido, convirtiéndose en un tiempo de estrecha unión con Dios y de participación en su misterio.

La oración litúrgica gira alrededor de la Eucaristía diaria, fuente y fin de toda vida interior, resumen y actualización, en el aquí y ahora, del misterio cristiano y que en el monasterio se trata de dar la mayor solemnidad posible por medio del canto y el cuidado pormenorizado del ceremonial, día tras día al aire del año litúrgico que ayuda a la monja a revivir y asimilar el misterio de la redención.

Junto a la Eucaristía está la Liturgia de las Horas, que es la otra gran plegaria de alabanza y acción de gracias que va marcando, jalonando y dando ritmo al diario vivir y acontecer, al que va iluminando hasta dar luz y valor nuevos a la vida de la monja, ayudándola a trascender lo trivial, común y ordinario de cada jornada, durante toda la vida. Tiene dos ejes: uno abarca todo el año litúrgico, el otro más reducido, semanal e incluso diario que nos ayuda a vivir el momento presente, según la hora del día que se rece.

 

La jornada comienza a las 5 de la mañana, a las 5,30 tiene lugar la celebración de las Vigilias. Esta “Hora” tiene un fuerte carácter bien definido. Es el primer rezo oficial del día, que aún no ha llegado. Se sitúa en la “noche” con todas sus connotaciones. Quiere ser una ayuda eficaz para todos los hombres que viven fuera del recinto monástico y que pronto se prepararan para vivir una nueva jornada; los trabajadores nocturnos, los enfermos, los agonizantes, los que pasaron la noche en vela buscando falsas quimeras de espaldas a Dios, los que viven la propia noche de la fe, del olvido, los que han visto sus noches iluminadas por la luz siniestra de las bombas, los refugiados en campos infrahumanos… Son tantas y tan graves las situaciones que puede vivir el hombre actual y de todos los tiempos… La voz orante y pobre pero firme de la monja quiere acoger a todos, presentar el mundo a Dios y pedirle que siga manifestando su gloria… Como fondo de tantas necesidades, de tanto dolor humano. Vigilias es la Hora de la vela, de la vigilancia por excelencia, de la espera del retorno del Señor, tiempo de alimentar con aceite las lámparas para que se mantengan encendidas.

 

La salmodia, los himnos, las lecturas de la Palabra de Dios, y de los Santos Padres, los responsos y las oraciones se suceden, nos advierte San Benito: ” que el corazón concuerde con los labios ” la mente se va llenando de la Palabra, misión y trabajo personal de cada Hermana que tendrá que ir llenando con ella el corazón, cual si de un receptáculo se tratase. Su celebración se prolongará por un espacio de tiempo variable, según los días y fiestas que se celebren, pero nunca bajará de los ¾ de hora, y rara vez superará la hora y 45 minutos.

Hasta las 8,20 que comienzan Laudes, tras el desayuno y arreglo de celda, se tiene un tiempo personal de “lectio” oracional y personalizadora, tiempo sumamente importante para la escucha atenta de la Palabra.

 

A las 8,20 comienzan los Laudes, rezo de la aurora o del amanecer, en ella se impone el ofrecimiento de la nueva jornada. La alabanza se funde con la súplica por la misma Iglesia, y por toda la humanidad, que se supone se está enfrentando a un nuevo día con todas sus necesidades y problemas. Con esta “Hora” comienza el oficio diurno, que regularmente va sembrado de alabanzas y súplicas todo el día sobre todo en los momentos más significativos y puntuales. Con la ayuda de esta celebración se consagra al Señor el comienzo del día monástico. Como fondo está la recomendación apostólica de “orar sin interrupción”. Junto con Vísperas es llamada “Hora Mayor”. Las evocaciones bíblicas de esta oración son muy fuertes: la luz que hace comenzar el nuevo día se superpone con la luz nueva de la creación y con la que irradia Cristo Resucitado, verdadera Luz del mundo.

 

A continuación -9 de la mañana- se celebra la Eucaristía, que como la Liturgia de las Horas es cantada a diario. Es por excelencia el sacrificio de acción de gracias fuente y cumbre de donde dimana toda vida espiritual, misterio de amor donde diariamente se renueva el sacrificio redentor de Cristo el Señor. Momento de recibir el alimento que dará fuerza y forma al diario caminar. Tiempo de elevar las manos en unión de Cristo, bendiciendo a Dios…

La oración silenciosa y personal se prolonga durante media hora, concluida ésta -hacia las 10 de la mañana se tiene el canto de la hora de Tercia.

El trabajo monástico se ha presentado frecuentemente como el 2º binomio querido por San Benito para sus monjes, el famoso ” Orat et labora “. La realidad del trabajo sigue siendo hoy una fuente de ascesis personal para el monje. Es el medio normal de recabar la propia subsistencia y el socorro para todos aquellos que demandan la ayuda del monasterio para paliar sus necesidades más básicas y fundamentales. ” Somos auténticos monjes cuando vivimos de nuestro trabajo” nos recuerda la Regla de San Benito. Dada la competitividad social en la que vivimos no se puede eludir en algunos momentos, al menos, una cierta preparación de la monja para realizar profesionalmente bien su trabajo, con creatividad, responsabilidad y eficacia. Todo ello como derecho y deber, según las posibilidades de cada una, sin perder de vista que este tiempo es una ocasión privilegiada de participar en la obra divina de la creación. El trabajo a veces puede ser arduo y duro, pero siempre debe ser solidario con los demás trabajadores, redentor para con el mundo y gozosa escuela de caridad fraterna.

Además de los trabajos comunitarios y de mantenimiento del monasterio, se cuenta con un trabajo para el exterior del monasterio.

La “Hora de Sexta” se celebra a las 13,15 poniendo fin al trabajo de la mañana. Como el resto de las “Horas Menores” es una ayuda para orar durante el día interrumpiendo el trabajo.

La comida silenciosa y con lectura en voz alta de una Hermana sigue a este rezo.

A las 15,15 el rezo de “Nona” vuelve a reunir a la Comunidad en la plegaria en torno al altar, con las mismas connotaciones litúrgicas de las “Horas Menores” anteriores.

De 15,30 a 16,30 la mayor parte de los días, pero no todos, se dedica un tiempo al intercambio informal de opiniones, a la puesta al corriente de diferentes noticias, o al paseo tranquilo, cuando el tiempo lo permite. A continuación nuevamente se retoma el trabajo, cada cual el suyo según las distintas asignaciones y obligaciones. Durante la tarde se puede contar con un espacio de tiempo libre para el estudio, la “lectio” personal, hasta las 18,45 que se celebran las “Vísperas”.

“Vísperas” es la otra gran Hora Mayor, se celebra al comienzo de la caída de la tarde, es como una llamada al recogimiento oracional, al silencio que empieza a envolver a la naturaleza. Quiere recoger en estos momentos a todos los hombres y presentárselos al Padre una vez más en una gran y solemne acción de gracias por todo lo bueno que ha derramado en la jornada sobre la humanidad, sobre cada uno de sus hijos. En el Antiguo Testamento era la hora de la ofrenda del incienso, siendo para nosotras el momento oportuno de levantar las manos al Señor.

Le sigue nuevamente la oración silenciosa y personal en Comunidad, durante media hora. Concluida ésta, sobre las 19,50 tiene lugar la frugal cena, también en silencio, y tras unos minutos libres las Hermanas se reúnen a las 20,35 en la sala capitular donde la M. Abadesa u otras Hermanas exponen distintos temas.

A las 21:00 comienzan las “Completas”, es el último rezo comunitario del día, su cierre oficial que termina allí donde comenzó: a los pies del altar. Es un rezo sereno y orante, que entreabre un poco la puerta de la existencia a la eternidad… Su colofón es el canto de la Salve a la Señora, a la Madre, que si bien durante todo el día ha ido recibiendo el canto final de todos los rezos ahora tiene un solemne broche.

Este es a grandes rasgos el día laboral, paso a paso, vivido en nuestro Monasterio. Los domingos y festivos tienen un carácter celebrativo algo diferente. La Eucaristía se celebra, con la máxima solemnidad posible, a las 11 de la mañana y el tiempo dedicado al trabajo se convierte en tiempo de libre empleo: paseo, rezo personal, estudio, lectio, una especie de descanso ocupado, vivido a tope por cada una que nos hace vislumbrar un poco lo que podrá ser un día el verdadero “descanso sabático” de la eternidad.

Ubicación

 

              Ver la localización en GoogleMaps.

 

Autobuses:

               Empresa Francisco Larrea, S.A, Tfno. 91 857 71 49. Parada en Gigante.

               Salidas de Madrid:   desde el intercambiador de Moncloa, dársena nº 2

                                                       desde el intercambiador de Plaza de Castilla Tfno. 91 857 71 49. Parada Gigante

                                                       Empresa J. Colmenarejo, Tf. 91 845 00 51 / 91 846 17 43. Parada en Gigante.

                                                        Salen de Madrid del intercambiador de Pza. de Castilla, Andén nº 6

                                                       La estación de ferrocarril más próxima es la de Villalba, a 9 Km

 Hospedería

 

El monasterio cuenta con una hospedería de 15 habitaciones, mixta que permanece abierta durante todo el año. En ella se trata de dar acogida a aquellas personas que lo solicitan y tienen necesidad de unos días de retiro, de silencio interior o simplemente de hacer un alto en su caminar cotidiano. Es un medio de antigua y arraigada tradición monástica, de compartir con las demás personas el bello marco natural que rodea el monasterio, el silencio, incluso la oración de la comunidad, ya que la iglesia monástica permanece abierta al público durante todo el día y se puede disponer libremente de los libros necesarios para participar en la liturgia.

Su régimen de silencio y recogimiento garantizan el ambiente de soledad y respeto para todas las personas que se acercan a ella.

 

Bibliografía

 

La bibliografía que ofrecemos no pretende ser exhaustiva. Dada la estrecha conexión que durante siglos se ha dado entre la parte masculina y femenina de la Orden, a veces se hace necesario acudir a una u otra para esclarecer el conocimiento preciso de alguna época determinada. Es el caso de los capítulos masculinos de la Orden donde también se legislaba para las monjas. Esto justifica la reseña de algunas de las “Definiciones” que pueden ser utilizadas provechosamente para el conocimiento y profundización de las dos ramas de la Orden.

 

  • ·         Definiciones de Don Guillermo de Morimundo, a la orden ynclita caballería de Calatrava en tiempos del maestre don Rodrigo Téllez Girón, 1466 (R.A.H. 9/4910) .
  • Origen, Definiciones y actas capitulares de la Orden de Calatrava, Valladolid, 1568.
  • Definiciones de la Orden y caballería de Calatrava, con relación de su constitución, regla y aprobación, Madrid, 1576.
  • Definiciones de la Orden y caballería de Calatrava, Valladolid, 1600.
  • Definiciones de la Orden y caballería de Calatrava, con relación a su institución, regla y aprobación, Valladolid, 1603.
  • Definiciones de la Orden y caballería de Calatrava, conforme al capítulo general celebrado en Madrid, año de MDCLII, Madrid, 1661.
  • Regla y Establecimiento de la orden de caballería de Calatrava, Madrid, 1748.
  • Fernández Llamazares, J. Definiciones de la orden y caballería de Calatrava. Madrid, 1576.
  • Fernández Llamazares, J. Historia Compendiada de las cuatro órdenes Militares Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, Imprenta de Alhambra y Compañía, Madrid, 1862.
  • Guillamas, M. Reseña histórica del origen y fundación de las Ordenes Militares. Madrid, 1851.
  • Rades y Andrada, F. Chronica de las tres órdenes y caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara.Toledo, 1572.
  • Salazar y Castro, L. Colección manuscrita de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia.
  • Manrique, A. Anales Cistercienses. Lugduni, 1642-1659.
  • Zapater, R. Cister Militante. Zaragoza, 1662.
  • Muñiz, R. Médula Histórica Cisterciense. Vol. VI, Valladolid, 1787-91.
  • Agustí, V. Calatrava, Col. “Páginas del Cristianismo”. Bilbao, 1898.
  • Alvarez de Araujo, A. Recopilación histórica de las cuatro órdenes Militares. Madrid 1886.
  • Ceremonial de las Ordenes Militares de Calatrava, Alcántara y Montesa. Madrid, 1893.
  • AA.VV. Diccionario de Hª Eclesiástica de España, Dirigido por Aldea Vaquero, Quintín, Vol. III Ed. Enrique Florez del C.S.I.C., Madrid, 1973.
  • Peñasco,H.; Cambronero, C. Las calles de Madrid, Ed. Facsímil de Caja Madrid de 1975, del original de 1889, herederos de Carlos Cambronero Martínez.
  • Lomas, Derek W. Las Ordenes Militares en la Península Ibérica durante la Edad Media. Salamanca, 1976.
  • Javierre Mur, A. y Gutiérrez del Arroyo C. Guía de la Sección de Ordenes Militares, A.H.N., Patronato Nacional de Archivos Históricos. Madrid, 1958.
  • Anónimo. “Monjas Calatravas. Fundación de la Comunidad de Señoras Comendadoras de Calatrava (Madrid)”, Cistercium, X, 1958, 300-309.
  • Respuesta al cuestionario propuesto por el Excmo. Ayuntamiento Constitucional de esta M.H. Villa para insertar en la Guía oficial municipal lo referente a la Comunidad de Señoras Comendadoras de la Orden Militar de Calatrava de esta Corte, domiciliadas hoy en el Real Monasterio de las de Santiago, Madrid, 1896.
  • Gutton, F. La Orden de Calatrava, Comisión de Historia de la Orden del Císter, nº 4 (Commission d’Histoire de L’Ordre de Citeaux, Nº IV), Ed. El Reino, Madrid 1969 (traducción de la obra en francés, La Chevalerie Militaire en Espagne. L’Ordre de Calatrava”, Ed. P. Lethielleux, París, 1954).
  • Herrera, L. Historia de la Orden del Císter. Císter en relación con las Ordenes Militares. t. 11 vol. 11,391-418. Las Monjas de las Ordenes Militares. t. 11 vol. 11, 418-432.
  • Tormo, E. Las Iglesias de Madrid, Instituto de España, 1972.
  • Angulo Iñiguez, D. Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia, C.S.I.C. Instituto Velázquez, Archivo Español de Arte, Madrid, 1979.
  • Zapata Fernández, Mª T. Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia. U. Autónoma de Madrid, Memoria de Licenciatura, 1980-81.
  • Sánchez Vigil, J.M. Sanz Martín, Angel Fuencarral imágenes de un pueblo, Madrid, 1992.
  • Herrera Casado, A. Monasterios y conventos en la provincia de Guadalajara. Guadalajara, 1974.
  • Hidalgo, R.; Ramos, R. y Revilla, F. Madrid Barroco, La Librería, Madrid, 1992.
  • Sánchez Domingo, R. Las monjas de la Orden Militar de Calatrava. Monasterio de San Felices (Burgos) y de la Inmaculada Concepción (Moralzarzal-Madrid), Ed. La Olmeda, Burgos, 1997.
Anuncios

Read Full Post »


Somos una Comunidad que tiene sus raíces en Císter, abadía francesa fundada por los santos Roberto, Alberico y Esteban, de la que San Bernardo de Claraval fue gran impulsor.

La Comunidad existía ya en el año 1180 en la localidad de Renuncio, situado a 7 Km. de Burgos.

Más tarde ha permanecido en el Monasterio de las Calzadas hasta el año 1973 que se trasladó al actual de los Pisones.

 

Nos define un estilo de vida simple y austero en la búsqueda de Dios,

  • en el seguimiento de Cristo y su evangelio.
  • en una Comunidad estable “Escuela de Caridad, en la alegría del Espíritu Santo”.
  • Cuidamos el ambiente de soledad, silencio, pobreza y sencillez.
  • Tenemos como modelo a María en la contemplación y escucha de la Palabra de Dios.

 

El fin espiritual de la Comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica.
En ella:

– Se escucha diariamente la palabra de Dios.
– Se ofrece a Dios el sacrificio de la alabanza.
– Se participa en el Misterio de Cristo.
– Y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo.

 

El esencial equilibrio de la vida cisterciense se establece entre Oficio Divino, oración, lectio divina y trabajo manual.
 

Capilla del Santísimo; lugar de adoración y oración personal. Las monjas nos aplicamos con frecuencia a la oración con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando en la tierra, vivimos con nuestro  espíritu en el cielo y deseamos la vida eterna con todo afán espiritual.

El trabajo, sobre todo manual, ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra de la creación en el compromiso del seguimiento de Cristo.

Goza de alta estima en la tradición cisterciense.

Procura la subsistencia a las monjas y a otras personas más necesitadas y es signo de solidaridad con nuestros hermanos los hombres.

Principalmente, nuestro trabajo consiste en la elaboración del pan eucarístico, que más tarde, en la Eucaristía, se convertirán en el Cuerpo y la sangre de Cristo.

Hospederia

Ofrecemos un espacio de silencio y paz, no como ausencia de ruidos, sino como una realidad de la bondad de Dios, donde sin prisas, poder experimentar que el tiempo también puede ser una ofrenda a Dios, con la posibilidad de orar con la Comunidad a través de la Liturgia.

Nuestra hospedería monástica es un lugar de acogida:

  • Para aquellas personas que busquen un descanso para su alma a través del silencio y la oración.
  • Para quienes quieran reflexionar sobre su vida
  • Para quienes deseen hacer días de retiro y Ejercicios Espirituales
  • Para aquellas personas que quieran encontrarse con Dios y consigo mismo.
  • Para familiares de las monjas

Tienen fácil acceso directo a la Iglesia. Pueden participar en la liturgia con las monjas.

 

Paseo de los pisones Nº 60    09001 

Burgos España

Teléfono: 947 20 51 18

Fax: 947 20 51 18

Correo: ocsosbb@planalfa.es

 

Read Full Post »


 

Monasterio Cisterciense del Salvador

Somos una comunidad de monjas contemplativas, es decir, un grupo de hermanas que participando de las mismas aspiraciones de todo corazón humano, y habiendo escuchado, en nuestro interior, la llamada a vivir enteramente para el Señor Jesús, intentamos vivir una espiritualidad centrada en la búsqueda del Rostro de Dios, donde se halla la salvación y la vida eterna para el hombre: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a tí, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo…”   (Juan, 17,3) 

 Nuestra comunidad pertenece a la Congregación Cisterciense de San Bernardo, la cual es parte de la familia monástica que sigue a Cristo según la Regla de San Benito, documento escrito en Monte Casino, Italia, en el siglo VI.

Seguimos dicha Regla según la interpretación contemplativa promovida por la reforma cisterciense del siglo XII. Este movimiento renovador del monaquismo benedictino comenzó en el año 1098 con la fundación del monasterio de Císter, cerca de Dijon, Francia.  Los ideales de los fundadores de Císter han sido defendidos tenazmente por los monasterios de la Congregación a través de los siglos. 

Nuestra Congregación está asociada fraternal y jurídicamente a La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, más conocidos como Trapenses, con el fin de conservar mejor el patrimonio cisterciense, expresar la comunión en la misma espiritualidad  y fomentar la vida monástica cisterciense.

 El monasterio cisterciense del Salvador de Benavente, tiene su fecha exacta de fundación en Santa Colomba (pequeña localidad zamorana, situada a escasos cinco kilómetros de Benanvente) que en la actualidad se denomina “Santa Colomba de Las Monjas”) el 12 de diciembre de 1181.

No todos los historiadores  están de acuerdo sobre la procedencia de las primeras monjas, pero la mayoría de ellos se inclina por “Santa María de Gradefes, monasterio situado en la Provincia de León y fundado en el año de 1168.

 El monasterio Cisterciense del Salvador, ha conocido dos traslados:

1º. Los nuevos aires de renovación que soplaron a la Iglesia a través del Concilio de Trento, que invitaban a los monasterios a trasladarse dentro de las villas o ciudades para mayor protección de los mismos, junto a la situación comprometida del edificio que amenazaba ruina, obligó a las hermanas a trasladarse a la Villa de Benavente, hecho que se realiza el 23 de abril de 1581, exactamente cuatro siglos después de haber sido fundado.

Fachada del antiguo Monasterio en la Villa de Benavente…   

2º. Otros cuatro siglos más tarde, el 30 de Noviembre de 1976, se realiza el deseado y también doloroso, traslado del monasterio.  “Deseado” porque el nuevo y actual monasterio ofrecería un entorno más favorable a nuestra vida, y también una casa mejor acondicionada para las necesidades vitales de todo grupo humano.  “Doloroso”,  porque  aquellas paredes y vigas afectadas por las termitas eran testigos de la vida entregada de tantas hermanas, y también porque significaba distanciarse de tantos buenos amigos y vecinos de la amada comunidad.

…Un monasterio  de

 construcción moderna que

 acoge la historia de

 una comunidad contemplativa

 de más de ocho siglos de

 existencia…

 

EL   VIVIR  MONÁSTICO  CONTEMPLATIVO 

Nuestro vivir monástico está íntegramente ordenado a la contemplación.  Por eso las monjas se dedican al culto divino según la Regla de san Benito dentro del recinto del monasterio.  En soledad y silencio, en oración constante y gozosa penitencia, ofrecen a la Divina Majestad un servicio humilde y digno a la vez. (Constitución 2)

La oración es la realidad de nuestra vida que expresa más concretamente nuestra proyección hacia Dios en cuanto acto unificante de todo nuestro ser.

En general podemos decir que la oración es relación.  Sería la forma más amplia, más sencilla y más fácil de presentar la oración: Es relación, es diálogo, es comunicación, es amistad, es comunión con Dios.  Para esta relación, para esta comunicación y diálogo hemos sido creados por Dios.  Esto significa que cuando Dios nos creó, nos creó dialogales, comunicantes o comunicables; nos creó para ser criaturas orantes.

Fundamento antropológico:  En cuanto personas humanas somos uno en relación, somos yo mismo abierto al tú de los demás, somos dialogales.  Tenemos necesidad de comunicación y de comunión, y la experiencia nos enseña que esta necesidad solamente se sacia cuando aquel con quien nos comunicamos es absoluto, infinito, es decir, DIOS.

Nuestras relaciones humanas siempre tienen sus límites, porque en el fondo tenemos una necesidad absoluta de comunicación y de comunión con el Infinito y el Absoluto.  Hemos sido creados orantes y para orar. 

Fundamento teologal:  La oración es una actividad teologal antes de ser una actividad psicológica.  La oración es una comunicación que comienza en Dios.  La oración es una gracia, un don:  Nadie puede forzar a Dios a comunicarse con nosotros.  Y si la oración comienza desde Dios, la oración es don y es gracia.  Dios mismo cuando nos habla, nos capacita para responder.  Así como amándonos nos hace amables, capaces de amar y recibir amor, así también hablándonos nos hace comunicantes, nos hace capaces de respuesta.

¿Cómo se expresa en nuestra vida cotidiana esta amistad, esta relación, este diálogo, esta comunicación, esta comunión con Dios?

En nuestra vida monástica se expresa a través de la Liturgia y de la Escritura: son los fundamentos de la oración cristiana y monástica.  “Se escucha diariamente la Palabra de Dios, se ofrece a Dios Padre el sacrificio de alabanza, se participa en el Misterio de Cristo y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo” (Constitución 17,1)

 

La celebración de la Eucaristía:  La Eucaristía es manantial y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de las hermanas en Cristo; por eso se celebra diariamente por toda la comunidad.  De hecho, las hermanas se unen más íntimamente entre sí y con toda la Iglesia por la participación en el Misterio Pascual del Señor.  (C. 18) 

 El Opus Dei:   Nada se anteponga al  Opus Dei.  Por ello la comunidad celebra la Liturgia de las Horas que cumple, en unión con la Iglesia, la función sacerdotal de Cristo, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por la salvación de todo el mundo.  Este Opus Dei (Oficio Divino) se prolonga a lo largo del día, mediante el constante “recuerdo de Dios”. (C. 19)

 

La Lectio Divina: La lectio divina asidua fomenta sobremanera la fe de las hermanas en Dios.  Esta excelente práctica de la vida monástica, en la que, a ejemplo de María se escucha y rumia la Palabra de Dios, es fuente de oración y escuela de contemplación en la que la monja dialoga con Dios de corazón a corazón.  (C. 21)

 

Las monjas cistercienses buscan a Dios  y siguen a Cristo en una comunidad estable, escuela de caridad fraterna.   Porque las hermanas tienen un solo corazón y un solo espíritu, lo poseen todo en común.  Esto es lo que caracteriza nuestra vida común: la unidad de espíritu en la caridad de Dios, el vínculo de paz en la mutua y constante caridad de todas las hermanas, comunión en el compartir todos los bienes. (Constitución 3)

 

“Las moradas de los monjes en las colinas eran como santuarios llenos de coros divinos, cantando con la esperanza de la vida futura, trabajando para dar limosnas y preservando el amor y la armonía entre sí.  Y en realidad, era como ver un país aparte, una tierra de misericordia y justicia” (San Atanasio de Alejandría, Vida de San Antonio).

¡Sí… tierra de misericordia y justicia…!.  ¡Esto es lo que deseamos sea nuestra vida comunitaria!.  “Padre, que todos sean uno para que el mundo crea que tú me haz enviado..” (Jn. 17).  Lo que verdaderamente transforma el mundo es el testimonio de una comunidad que vive de la fe en Dios, y da signos de amor y de unidad. 

 Este fue el ideal, hecho herencia, de nuestro Padre San Benito, quien al final de su densa vida escribe:

Practiquen , pues, los monjes este buen celo con el amor más ardiente; esto es, que “se anticipen a honrarse unos a otros”; que se soporten con la mayor paciencia sus debilidades, tanto físicas como morales; que se obedezcan a porfía unos a otros; que nadie busque lo que le parezca útil para sí, sino más bien lo que lo sea para los otros; que practiquen desinteresadamente la caridad fraterna; que teman a Dios con amor; que amen a su abad con afecto sincero y humilde; que no antepongan absolutamente nada a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna” (Regla Benedictina, Cap. LXXII)

Císter quiso ser una schola caritatis, una escuela de amor.  Sin duda, la vida común constituye en ella una de las piezas claves.  Es una escuela de vida que asegura un aprendizaje concreto del amor.  Amando se llega a ser capaz de amar.

“De nada sirve vivir juntos, dice san Bernardo, si estamos separados en el espíritu; de nada sirve reunirse en un lugar, si nos separamos interiormente”.  Para crear esta comunión entre todos, es indispensable la acción del Espíritu Santo que se manifestará en la caridad mutua; pero esta caridad, que nos prepara ya a la contemplación de los secretos del Padre, se enraíza en la imitación de Jesucristo, que ha querido humillarse para revelar al hombre la verdad de su condición y conducirlo a su verdadero destino.  Esta humildad de Jesucristo se encuentra en la base de toda vida común: “Lo propio de la amistad, dirá el beato Guerrico, autor cisterciense de la segunda generación, es humillarse ante sus amigos“.

Efectivamente, la vida comunitaria  implica un camino de humildad, a través del cual uno va conociendo su propia pobreza e indigencia, su incapacidad de amar a los demás tal y como son.  Uno va descubriendo el misterio de su propia humanidad y la inmensa necesidad de ser salvado, transformado y  amado sin reservas por La Divinidad, Misterio Eterno de Amor Trinitario.  Sólo después de conocer un poquito la ternura misericordiosa y la paciencia amorosa del Señor para con nosotros mismos, uno puede ser capaz de abrirse al misterio “del otro”, respetándole en su propio camino, no juzgándole, perdonándole y acogiéndole con afecto tierno y sincero.

Así se forja el cor unum et anima una, un solo corazón y una sola alma de que hablan los Hechos de los Apóstoles acerca de la comunidad cristiana de Jerusalén considerada como el prototipo de toda comunidad cenobítica.  San Bernardo comenta:

“Haya entre vosotros hermanos queridísimos, tal unidad de espíritu que los corazones estén unidos amando y buscando un solo y mismo objeto, adhiriéndose a él, teniendo los mismos sentimientos unos por otros.  Y así, incluso  las diferencias exteriores escapan al peligro y no crean escándalo.  Cada uno puede tener su modo de hacer frente a las circunstancias; a veces, quizás, su propio modo de ver los asuntos terrenos, e incluso distinguirse de los demás por dones de gracia diferentes; y se verá que no todos los miembros se dedican a la misma actividad.  Pero la unidad interior y la unanimidad harán un único todo de la multiplicidad y reunirán las partes por el cimiento de la caridad y el vínculo de la paz”.

La vida fraterna  no impide la vida de soledad y silencio en la que se engendra la sabiduría, sino que purifica y profundiza la verdadera gracia del ser monja.  Ya en el siglo IV, Evagrio escribía: “El monje es aquel que está separado de todos y unido a todos”.  La comunidad contemplativa abre los corazones de sus miembros a una comunidad más amplia y universal.   “La vocación del monje lo obliga a vivir apartado del mundo, pero se encuentra en el corazón mismo de aquello que es más íntimo a cada hombre, su hermano.  Está en comunicación viviente con las aspiraciones esenciales que Dios ha colocado como semillas en su criatura.  La razón de ser del monje está identificada con la razón de ser que está en todo hombre” (Cartujo anónimo).  La vocación cisterciense está construida así en una aparente contradicción.  Cuanto más se entregue y se deje amar la hermana de Dios más podrá amar a sus hermanas de comunidad y más estará unida en una forma silenciosa y oculta a cada miembro del Pueblo de Dios.

“Mi soledad, sin embargo, no es mía, pues ahora veo cuánto les pertenece a ellos, y veo que tengo una responsabilidad por ella en atención a ellos, no sólo por mí.  Por estar unidos a ellos les debo a ellos el estar solo, y cuando estoy solo, ellos no son “ellos” sino mi propio yo.  ¡No son extraños!”  (Thomas Merton, monje cisterciense)

 

EL   VIVIR  MONÁSTICO  CONTEMPLATIVO

El Trabajo  

La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse las hermanas a unas horas determinadas en el trabajo manual… porque así son verdaderas monjas, cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles” . 
(Regla  de San Benito, Cap. XLVIII).

El trabajo, sobre todo el manual, que ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra divina de la creación y restauración, y comprometerse en el seguimiento de Cristo, goza siempre de alta estima en la tradición cisterciense.  El trabajo, arduo y redentor, procura la subsistencia a las monjas y a otras personas, especialmente a los pobres, y es signo de solidaridad con el mundo obrero.  Es además ocasión de una ascesis fecunda que ayuda al desarrollo y madurez de la persona, favorece la salud física y psíquica y contribuye sobremanera  a la cohesión de la comunidad.  (Constitución 26).

Este número de nuestras Constituciones, hace una buena síntesis de la teología y espiritualidad del trabajo, afirma en primer lugar:

    * “que es una participación en la obra creadora y redentora de Dios y resalta el realismo en el seguimiento de CristoAl trabajar, ejercemos una actividad creadora que es un reflejo de la de Dios.  Porque Dios es el primer y supremo trabajador que hizo el Universo, y continúa trabajando en la conservación de las criaturas y con sus intervenciones en la historia humana.  Toda la creación refleja las perfecciones divinas pero sólo el hombre es capaz de imitarle en su actividad creadora, por medio de su cooperación libre e inteligente en la obra de perfeccionar y transformar el mundo material.  Cristo es el Artífice divino, la manifestación encarnada de Dios en el mundo.  Vino a realizar la obra de su Padre: “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Jn. 5, 17)“Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar (Jn. 9,4).  Jesús vino a rehacer el mundo destruido por el mal, y asumió el trabajo humano.  En su vida oculta trabajó como artesano en Nazaret; entonces, y durante su vida pública, experimentó el cansancio y el agotamiento.  Los cristianos, y por tanto las monjas estamos llamados a una vida de trabajo en el servicio de Cristo.  Como miembros de su Cuerpo Místico, cooperamos a que se realice el plan divino, por medio de la extensión progresiva de la redención en favor de todos los hombres.

Igualmente, esta constitución hace notar los valores que se siguen del trabajo, a los que hoy somos tan sensibles:

    * procura la subsistencia propia, permite compartir los bienes, especialmente con los pobres, y nos hace solidarios con el mundo del trabajo.  El deseo de San Benito, es decir, lo ideal, es que el trabajo de las monjas sea el medio ordinario de mantener a la comunidad y  socorrer a los pobres.  Así por el humilde trabajo, se experimenta una mayor unidad a Jesús, Señor nuestro.

 * es una ascesis realista, que favorece la madurez de la persona y la salud física y psíquica y también contribuye a la cohesión de la comunidad.  Los monjes antiguos hacían del trabajo manual uno de los principales ejercicios ascéticos para progresar en la perfección.  San Jerónimo insistía en que sus monjes “trabajaran con sus manos no sólo para ganarse el pan, sino ante todo para el bien de su alma”.   El trabajo disciplina a la monja contra la inconstancia, contra la tentación de evadirse de la realidad y con ello fomenta el espíritu de recogimiento y de humildad.   Y por último, realmente el trabajo nos une y nos purifica comunitariamente, ya que nos obliga a salir de nosotras mismas y a ocuparnos de las necesidades de las demás. 

 

ACTUALIDAD

CONFORMACIÓN CON JESUCRISTO A TRAVÉS DE LA VIVENCIA AUTÉNTICA DE LA ASCESIS

(Conferencia preparada por nuestra hermana María Fernanda Soriano para todas las hermanas de La Congregación de San Bernardo)

 

Según la última carta de nuestro Abad General (Vida Común en Comunidad de Amor, 26 de Enero 2004), la ascesis era el modelo para presentar las formas monásticas, o disciplinas, hasta los años sesenta del siglo pasado. De acuerdo con esto, tendríamos que decir que me dispongo a hablar de un valor prácticamente trasnochado, algo así como que estoy comerciando con un producto que no está de moda…

La ascesis no es un valor caduco, anticuado, anacrónico, sigue siendo un valor actual y quizás más apreciado de lo que puede parecer. Es evidente que actualmente dentro de una escala de valores no iría a la cabecera de la lista, pero seguro que por lo menos sería mencionado. De no ser así, me atrevo a decir que es porque, más que hablado, es un valor vivido con mayor radicalidad, por quienes viven con “radicalidad”, y que impregna la vivencia de los valores humanos, cristianos, monásticos, logrando que sean aún más valiosos.

 El término como tal es muy rico en contenido. En realidad es algo así como un abanico de posibilidades, de las que podemos echar mano según lo necesitemos; o, como la caja de herramientas de un carpintero que contiene todo tipo de instrumentos para trabajar en el diseño de una obra de arte; ora tendrá que usar del martillo, ora de una sierra, ora necesitará un clavo, etc, pero todo sirve para el mismo fin. Naturalmente no lo podemos abarcar todo. Lo que me importa es buscar la imagen más adecuada de la ascesis cristiana, sin dejar de lado el aspecto moral y humanístico. Y ésta, la ascesis cristiana, consigue toda su identidad en la participación del misterio de la cruz y de la muerte de Cristo.  

Íntimamente unida a la fe en Cristo, la ascesis constituye una “tarea” de la que ningún creyente cristiano puede excusarse. La invitación de Jesucristo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mt. 6, 24), base de la ascesis cristiana, está  dirigida a todos los discípulos…  En consecuencia, no es una misión “exclusiva” de categorías especializadas, como por ejemplo las monjas cistercienses de la Congregación de San Bernardo, sino una vocación para toda la Iglesia, aunque la ascesis tenga “tipificaciones” diferentes, como lo es la ascesis típicamente monástica. Y dentro del monacato tendríamos que hablar de una forma típica de vivirla dentro del “Carisma Cisterciense”, tal como lo dice Vita Consecrata: Es necesario también tener presentes medios ascéticos típicos de la tradición espiritual y del propio Instituto. ( nº 38b).

 En nuestra constitución nº 25, sobre la ascesis, encontramos el espíritu con el que hay que emplear los medios ascéticos: “Por eso la monja debe acogerse gustosamente y con espíritu de gozosa penitencia a los medios que para este fin emplea la Congregación.  ¿Cuáles son estos medios?. Lo dice a continuación: el trabajo, la vida escondida, la pobreza voluntaria, las vigilias y los ayunos. Es cierto que son los que practicamos en nuestros Monasterios, aunque no todos con la misma intensida. Habría que preguntarnos si los practicamos “gustosamente” y “con espíritu de gozosa penitencia”….  Lo que sigue  a continuación son iniciativas personales que me mueven a tener dicha actitud; al compartirlas espero que también para Vds sean causa de estimulo.

 

La ascesis, participación –Practicación- de la vida de Jesucristo.

Vista desde el Evangelio, o iluminada por él, la “práctica” de la ascesis tendría que ser una buena noticia, es una buena noticia, ya lo veremos.

            Efectivamente, es una buena noticia ya que no se trata de una práctica cualquiera, se trata de “practicar” a una persona: Jesucristo, acontecimiento escatológico de salvación. Practicar la ascesis será entonces comenzar a participar del acontecimiento escatológico de nuestra salvación. Es, en cierta forma, una “práctica” del cielo; entrenarnos en las obras del Reino de Dios.  Esta fue la ascesis de Jesucristo. Evidentemente la ascesis no es ningún fin, ninguna meta. La meta, el fin, es Él mismo: Jesucristo.

Este Jesús, con el que nos configura la ascesis, ha dicho que en el Reino se ceñirá, nos sentará a la mesa y nos servirá de uno en uno (cf Lc. 12, 37). En consecuencia, hay que decir que el cielo es algo dinámico. Nosotros, sin embargo, solemos comparar el cielo con algo así como el “descanso eterno”. No obstante, los grandes místicos han sabido intuir que el progreso del espíritu no acaba: también es eterno. Nunca dejaremos de desear ser transformados por Dios en Dios. Es la gran intuición de Gregorio de Nisa: “El que asciende no cesa nunca de ir de comienzo en comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce.” (in cant 8)

Hadewijch de Amberes, mística y poetisa del s.XII,  nos viene a decir que es en el Reino de Dios donde se nos concederá practicar plenamente la gran obra del Amor. Será allí la plena participación en la Vida de Jesucristo, por lo que la práctica de la ascesis aquí, en esta vida, será comenzar a gustar la Vida eterna : “Los que desean y tienden a satisfacer a Dios con amor comienzan aquí la vida eterna, que es la de Dios mismo en la Eternidad. Pues el cielo y la tierra renuevan a cada instante el compromiso de ofrecerle amor con plenitud y corresponderle con la dignidad que le es propia, pero jamás lo consiguen perfectamente. Por eso, el hombre que ni descansa ni acepta consuelo extraño al Amor, sino el que le proporciona el esfuerzo de satisfacerlo a todas horas, comienza aquí la vida eterna. (Handewijch de Amberes Carta XII)

Por otro lado, tal ejercicio, típico de la fe, no significa fundamentalmente acción, compromiso o esfuerzo autónomo del hombre; responde, más bien, a la “urgencia” de operar una renovación que se adecue radicalmente a la acogida-obediencia de la fe.  Practicar es, pues, fundamentalmente “practicar la propia muerte” o la propia pérdida, “llevando siempre y por doquier en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Cor 4,10). La ascesis cristiana, no es el ejercicio de sí, sino el ejercicio de Otro para dejarnos identificar y conducir por Él.

En realidad, parece que me he contradicho en lo que digo. Por un lado he dicho que la ascesis es una “práctica del cielo”, y por otro “practicar la propia muerte”. ¿Cuál hay que elegir?. ¿Se trata de dos prácticas diferentes? ¿O se trata más bien de un solo proceso que necesita de ambas prácticas?. Es decir, ¿Se trata de “practicar” la muerte, para realizar la “práctica” del cielo?… Creo que no hay otra respuesta que la vida misma de Jesucristo: “Nunca hay que olvidar que el buen servicio y el sufrimiento del exilio aquí abajo son parte de la vida humana: lo mismo le correspondió a Jesucristo mientras vivió sobre la tierra… Él mismo se lo aseguró a una persona: donde está el Amor también están los grandes trabajos y las graves penas. Sin embargo, todo sufrimiento tiene su dulzura: quit amat non laborat, que cuando se ama no se siente la pena”.  Más adelante continúa Hadewijch de Amberes, diciendo “Con la Humanidad de Dios, debes vivir tú aquí abajo, entre las labores  y los dolores del exilio, y con la Divinidad eterna y todopoderosa, debes amar y alegrarte en tu interior con dulce abandono. El verdadero cumplimiento de estos dos aspectos reside en un solo y único goce”. (Carta VI).

Entonces, si el “objeto” de la “práctica” ascética de la monja es Cristo mismo, ésta  equivaldrá entonces a “frecuentarlo”, “conocerlo” (Jn. 17,3), “seguirlo” (Mc 1,17) dejándonos modelar por Él (Rm 8,29), hasta compartir totalmente su destino: llevar su cruz (Mc 8,34); morir su muerte y resucitar su resurrección en el bautismo (Rm 6,3). Estos son los “auténticos”, irrenunciables e irrevocables ejercicios; esta es la verdadera ascesis de todo creyente cristiano. ¡No hay otra!.

Bien nos confirma la experiencia que la donación de la vida, es la que nos da más vida. Es verdad que el que pierde gana.  Es más dichoso el que da que el que recibe. Esta es la Buena Noticia: Si luchamos, nos esforzamos, nos cansamos, por adelantar su Reino, en realidad no morimos: descansamos interiormente, crecemos espiritualmente, maduramos humanamente, renacemos internamente, revivimos plenamente de día en día hasta la última pascua, cuando pasemos de la muerte a la vida.

Podemos pues, llegar a formular una pequeña reflexión de acuerdo con nuestra experiencia que nos ha confirmado el párrafo de Hadewijch de Amberes que acabamos de leer: “la ascesis es un estilo de vivir, propio de la persona que ama y se ha sabido amada: de la que puede decir a Dios, con su dolor, su enfermedad, su fatiga, su cansancio por los demás, te amo, te amo más que a mí misma.”

Alguna vez, redactando este trabajo, he pensado en mi madre, y pensaba que si ella supiera que en estos momentos yo les estoy hablando de “ascesis”, lo primero que haría sería preguntarme qué significa eso. Al explicarle en términos humanos lo que es, seguro que me diría: “hija, quítate de allí; la que tengo que hablar de ascesis soy yo”.

Esto lo descubrí un día en la oración. Me preguntaba qué era lo que hacía a mi madre levantarse tan temprano, dejar preparada muchas cosas antes de irse a trabajar, llegar a casa cansada y seguir muchas veces trabajando, sacar tiempo para ir a la Iglesia, etc, etc. Y lógicamente llegué a la conclusión que porque nos amaba. Porque nos amaba, no le importaba sacrificarse por mí y por mi familia, claro, no era yo sola. Pero este sacrificarse, esforzarse, ir dejando la vida, era una forma de decirnos “las amo”, aunque muy pocas veces lo dijera con la boca, ella lo practicaba y con su ejemplo me ha enseñado lo que es amar.

Bien, perdón por el desvío, pero es para ver que la ascesis es lo propio del amor, de la persona que ama.  Por eso es lo propio de Dios, por eso podemos hablar de Jesucristo como el gran asceta, no en sentido moralista, sino como el que ha llevado  la ascesis a su plena validez: Él fue el gran perdedor y el gran  donante. Él nos lo dio todo, nos dio su vida, hasta la última gota de sangre. Él se hizo pan y se dejo comer. Él nos ha dicho en la cruz a cada una de nosotras “te amo”, “te amo más que a mí mismo”.

 

Ascesis y Mística en Marta y María.

Podemos leer las figuras de Marta y María como las de un verdadero progreso en el espíritu, a través de la ascesis física y espiritual, hasta llegar a la plena identificación con  la suerte del Maestro.

La interpretación es un tanto personal, por lo que pido disculpas anticipadas por cualquier fallo. Son más bien intuiciones, desde mi propia experiencia, que comparto ahora con Vds.

Marta y María, son Marta y María, dos personas distintas que nos dejan un solo Mensaje, mensaje con mayúscula, Jesucristo.

 Veamos el crecimiento de Marta. Según Lc.10 (v.39ss) Marta es quien invita a Jesús a su casa, es quien decide cómo atenderlo, qué hay que hacer para recibirlo; se “esfuerza” por preparar una cantidad de detalles que el “Huésped” no ha pedido. En el texto se dice que: “Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. ¿Sabía ella misma qué era lo que estaba haciendo, o hacía sin saber lo que hacía? ¿Cuántas vueltas daría, quizá para hacer mil veces la mismas cosas? ¿Serviría lo que hacía?. Marta daba pero no se daba. Su queja denota su insatisfacción: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?”. Sorprende la confianza de Marta para “reclamar” a Jesús lo que ella misma ha montado. Pero, nos revela también su ignorancia respecto al Maestro. Marta, ciertamente, quedó cariñosamente mal parada. La réplica de Jesús: “Marta, Marta, te preocupas  y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor de una sola…”, son una voz del Maestro que le obligan a detenerse también espiritualmente. El estrés le había obligado a dejar sus tareas para pararse físicamente frente a Jesús. Ahora es Jesús quien le llama a detenerse interiormente, a volverse hacia Él: Él es la mejor parte. Marta, no ha caído en la cuenta que en su casa hay “Uno” que desea ser acogido en el corazón. Quizá, en la réplica de Jesús resuenen aquellas palabras del Cantar de los Cantares: “Si alguien ofreciera los bienes de su casa por el amor, se granjearía el desprecio”. (Ct.8,7)

Marta tuvo que reencontrarse a la luz de esta Palabra y reencontrar de esta forma el sentido de su esfuerzo, con ello nos iluminó también la verdadera ascesis cristiana. Sólo más tarde, en vísperas de la última cena, se nos dirá que Marta “servía” (cf. Jn. 12,2). Reconciliada con el servicio, Marta prefigura al Servidor de todos, el que dijo “yo he venido a servir y no a ser servido”. El itinerario de Marta, su proceso ascético, pasa por el diálogo personal con Jesús en el episodio de la resurrección de Lázaro (Jn.11, 1-43) y culmina en el servicio gratuito y testimonial, antes de la Pascua del Señor.

 Vamos ahora con María. Ella también hace un proceso ascético. Sentada a los pies de Jesús, supo reconocer que el “Visitante” era el que servía: servia su Palabra. Ella supo intuir que el “Huésped” quería ser acogido, no sólo atendido. Conocía al Maestro. Se reconocía en Jesús y en lo que Él le decía; sabía que si algo necesitaba Él lo pediría. Su ascesis se centraba en la escucha, atenta a lo que Él decía. Le bastaría un gesto de necesidad de Jesús para levantarse rápidamente y atenderlo. De hecho es la reacción de ella cuando, en el pasaje de la resurrección de su hermano Lázaro, Marta le dice al oído: “el Maestro está ahí y te llama”. Ella en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente (Jn 11, 29s). Experta en escuchar la voz del Maestro, a través de la ascesis espiritual, corre a su encuentro. María, también hace un recorrido hasta llegar a la plena identificación con la misión de Jesús. Paradójicamente, su ascesis espiritual termina también en el servicio gratuito y testimonial en vísperas de la última cena. Mientras Marta sirve, ella presta otro servicio, lejos de ser mera pasividad es una acción dinámica: Ungir los pies de Jesús.

Así, ambas hermanas, quedan reconciliadas en la plena identificación con la misión del Maestro, ambas prestan un único servicio: anticipar la Pascua de Jesús. Su ascesis, tanto física como espiritual, es una sola y culmina en la plena comunión con el Misterio de Jesucristo, único Maestro y Señor. Ambas se convierten para nosotras en un solo programa de vida ascético-místico, o si se quiere ascético y místico.

 Con esto ya podemos formular otra reflexión: No se trata de separar ascesis y mística. Se trata de reconciliar a ambas. No se llega a una experiencia mística sin haber recorrido un camino ascético, largo y cansado, tiene que ser así. Pero no se puede perseverar en un largo camino ascético, si éste no es ya una forma de estar unidos al misterio pascual de Jesucristo.

 

 Con lo dicho ya podemos formular otras dos reflexiones: La ascesis cristiana y monástica, para ser tal, debe partir de una visión positiva y valiosa del ser humano, cuerpo y alma debe además, conducir a la restauración de nuestra verdadera imagen de Dios; o dicho de otro modo: La ascesis cristiana y monástica, auténtica, debe ayudarnos a crecer como personas humanas y divinas, a plenificar nuestro ser como mujeres  llenas de espíritu, y no a destruir  nuestra condición humana y sexuada, ya que de esta forma impedimos también nuestro propio crecimiento espiritual.  Sería lamentable que después de haber recorrido el camino ascético nuestro corazón en lugar de haberse ablandado y rejuvenecido, terminara endureciéndose y cerrándose a la gracia de Dios que sopla de tan diversas formas.

 

Necesidad de una visión sanadora de la ascesis

Los primeros padres del desierto ponen en vela contra la ascesis exagerada, que sin prestar atención a las propias limitaciones, quisiera someter a la fuerza al propio cuerpo. La Abadesa Sinclética, advertía: “Hay una ascesis exagerada que es del demonio, ya que también sus discípulos la practican. ¿Cómo podremos, pues, distinguir la ascesis divina y auténtica de la tiránica y demoníaca?. Claramente a través de la medida.” (Apo. 906)

La antropología cisterciense acentúa con fuerza la interacción del cuerpo y el alma. Los ejercicios de uno y otra son calificados como corporales y espirituales, exteriores e interiores. Lo hemos visto en Marta y María. San Bernardo en la Apología da la primacía a lo espiritual, citando a San Pablo: “Los ejercicios corporales sirven de muy poco, la piedad en cambio sirve para todo” (1ª Tim 4,8)

Con esto no estoy queriendo decir que no haya que dar importancia a la ascesis corporal. San Bernardo después de insistir en que el más santo no es el más cansado, afirma también la necesidad de la ascesis física: “las realidades espirituales, aunque sean de orden superior, apenas se pueden conseguir, ni conservar sin la ayuda del esfuerzo corporal, el mejor será aquel que discreta y oportunamente (discrete et congrue) se ejercita en unos y otros.”

Es preciso que las obras de las ascesis corporal se transformen en vino y este vino es la caridad…, dice Bernardo de Claraval. El temor se cambia en amor. El agua de la ascesis se convierte en vino místico, ya que animada por el fervor del amor, se realiza en ella, en el agua que es la ascesis, la unión con Dios. Se da una metamorfosis, es decir, cambio de forma, reforma, conversión.

Quizá esta concepción de la ascesis se acerque más a nuestra forma actual de vivirla: conducirnos a una mayor caridad. Un autor de nuestro tiempo dice así: “La abnegación cristiana, elemento constitutivo de la ascesis, debe desembocar en la comunión, en la participación de todos en la misma mesa, en la fraternidad… Lo más propio del cristiano es el amor. Como Cristo nos amó. Este será el verdadero test de la abnegación –ascesis- cristiana: ¿Conduce a una mayor caridad?”

Vamos a ver esto en una gran mística del movimiento de las Beguinas, muy cercana al movimiento cisterciense.

 

La ascesis en los ejercicios de Gertrudis de Helfta

Me detengo en Gertrudis porque tiene una visión muy equilibrada de las ascesis y se puede convertir en motivante para nosotras que vislumbramos la necesidad de la ascesis para llegar a una vivencia mística, sólo así podremos responder a nuestro mundo: generación cansada de fatigarse sin sentido.

Para ella, para Gertrudis, la ascesis no es nunca un autocastigo, sino una renuncia a sí misma, que está implicando “vivir” para convertirse: su visión es positiva cristológica y cristocéntrica. La experiencia de Gertrudis gira en torno a la persona de Jesús y el corazón de Cristo, es decir, la naturaleza humana de Jesús, Hijo de Dios. En su concepción de la ascesis pone el acento en el poder de la Ternura (pietas) divina –Amor- para transformar al ser humano, así lo pide en el ejercicio II:

“¡Ah!, que mi alma elija no saber nada fuera de ti

y que, bajo la disciplina de tu gracia,

instruida por la unión en la escuela del amor,

mis progresos sean grandes, rápidos, intensos…”

Siendo la acción de la persona la de acoger “activamente” la gracia de Dios que es la que hace todo…Es pues el amor quien despierta al alma:

“¿Hasta cuando esperará a que tú le ames?

Te ha comprado por un grandísimo precio a ti y a tu amor

Te ha preferido a su propio honor,

te ha amado más que a su noble cuerpo

Por eso,

ese dulce amor, esa suave caridad, ese amante fiel,

exige de ti un amor recíproco…

apresúrate a darle tu elección.(Ejercicio III)

Gertrudis ha superado el miedo que paraliza, no puede existir miedo a Dios, y por lo tanto tampoco al adversario. Si unimos nuestra voluntad a la voluntad divina, Dios combatirá por nosotros y alcanzaremos la victoria, es el mensaje de Gertrudis:

Quienes en este mundo aguantan pruebas,

saben qué cobijo les has preparado en tu paz,

 para defenderles contra la lluvia,

¡Ah!, ahora mira y ve mi combate;

adiestra mis dedos para la batalla.(EjercicioV)

La ascesis en esta mujer religiosa, no debe estar dirigida a extirpar las pasiones en el ser humano, sino a ordenarlas.

“Haz que mi alma vaya hacia ti

como una digna esposa,

de modo que mi vida esté ordenada en tu amor.”(Ejercicio VI)

            Pero, el orden de las pasiones, para Gertrudis, se va realizando poco a poco; sólo después de agotar las fuerzas en el servicio se puede penetrar en las profundidades íntimas, deliciosas y luminosas de la Santísima Trinidad.

Creo que en el pensamiento ascético de Gertrudis, podemos resumir todo lo que hemos dicho sobre nuestro tema:

1.      Siguiendo a otros autores de su tiempo piensa que no es fácil obtener el equilibrio entre sensibilidad afectiva y razón, la ascesis juega un papel muy importante para llegar a dicho equilibrio.

2.      Rechaza un ser sin pasiones porque Jesucristo nunca predicó la impasibilidad ni la poseyó, incluso en una visión le dice: “Yo mismo, mientras viví en la tierra, experimenté el dolor de las pasiones, en esto Gertrudis se me parece”. ¡Bendito parecido!. ¡Nos alienta en nuestro camino!. La vida de las pasiones en vez de turbar la vida de unión debe servirla y enriquecerla.

3.      Para ella, para Gertrudis es muy importante no separar, aislar, la ascesis de la mística.

4.      Llega a considerar la ascesis como una forma de unión cuando la justifica como participación en la misma ascesis de Cristo.

5.      Finalmente, la ascesis sólo tiene sentido si conduce a la plenitud del Amor-Ternura.

CONCLUSIÓN

Necesitamos recuperar una visión positiva de la ascesis, no como camino de salvación; nos salva el Señor por pura gracia, pero sí como camino para “dejarnos” salvar gratuitamente y nos conduzca a la plena identificación con el Misterio de Cristo: Amar tan apasionadamente la Vida, que no temamos la muerte.

De todas formas, creo que, tal como dijo Karl Ranner, el s. XXI será un siglo místico o no será; y como hemos visto, ascesis y mística no pueden ir separadas, entonces, seguro que será la mística quien resucite a la ascesis y le dé su verdadero sentido cristiano: la comunión con Cristo y los hermanos. ¿Cómo se tendría que vivir esto en nuestras comunidades?. Termino por donde comencé, con unas palabras de la última carta circular de Dom Bernardo:

o       Siendo comunidades de personas valiosas: por ser cada uno capaz de dar amor y recibir amor, a imagen y semejanza del mismo Dios

o       Siendo comunidades que valoran las observancias vivificadas por una visión común: como medios adecuados para la unión con Dios y con los hermanos.

o       Siendo comunidades que consideran el doble precepto del amor como el supremo valor que crea comunión pues permite que Cristo habite en y entre nosotros.

Con Gertrudis pidamos la gracia de la ascesis a fin de llegar, como ella, a la plena comunión con Jesucristo, la unión mística que tanto ansía nuestro corazón:

Que todas mis fuerzas estén tan próximas a tu amor,

y mis sentidos tan establecidos y afirmados en ti,

 que a pesar de mi débil sexo,

alcance por el vigor de mi alma y un espíritu viril

ese tipo de amor que lleva al lecho de la cámara interior,

para unirme perfectamente a ti.

Ahora, oh amor, retenme y poséeme, como posesión tuya,

pues fuera de ti ya no tengo ni espíritu ni alma.

Amén. (Ejercicio V)

 

Contacto

Monasterio Cisterciense del Salvador

Carretera a Villanueva S/N

49600 Benavente, Zamora.

Número de Teléfono: 980 631718

Número de Fax: 980 637857

 

 

Read Full Post »


Monasterio Cisterciense de Santa María la Real de Gradefes

 

Pertenece a la Orden Cisterciense que tiene sus raíces en Císter, Abadía francesa fundadaen 1098 por los Santos Roberto, Alberico y Esteban.Hacia el año 1125 el mismo S. Esteban instituyó un monasterio de monjas y en 1188, al ser admitidas oficialmente las monjas en la Orden, el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas y sus filiales se incorporaron a la Orden y fueron encomendadas al cuidado pastoral del Abad de Císter.De tal forma se propagó este ideal de renovación bajo el impulso de S. Bernardo, que los monasterios de monjes y monjas, se extendieron más allá de Europa.En 1898 un grupo de monasterios Cistercienses femeninos españoles, que a lo largo de su historia se mantuvieron firmes al ideal monástico de los Stos. Roberto, Alberico y Esteban  del Císter primitivo se unieron a la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

 En 1955 algunos monasterios pasaron a formar la Federación de Monjas Cistercienses de la Regular Observancia de S. Bernardo en España.

En 1994 la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada erigió la Federación en Congregación Cisterciense de S. Bernardo y la asoció espiritualmente a la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.

Dicha Congregación está formada por 23 monasterios esparcidos por toda España.

Los orígenes del monasterio de Santa María la Real de Gradefes se deben a doña Teresa Petri, quien al enviudar en 1164 decidió fundar un monasterio para monjas cistercienses en sus tierras de Gradefes. En 1168 llegaron las monjas que forman la primera comunidad, procedentes del monasterio navarro de Tulebras, siendo nombrada abadesa la propia Teresa Petri, quien ocupó el cargo hasta su muerte en 1187. En poco tiempo el monasterio debió alcanzar una importancia considerable, ya que de él salieron religiosas para dos nuevas fundaciones: en 1181, la de Santa Colomba de las Monjas, localidad próxima a Benavente, y en 1245, la de Otero de las Dueñas.
Del monasterio primitivo sólo quedan la cabecera de la iglesia, parte de la estructura del claustro y la sala capitular.

Desde sus inicios, en 1177, las obras sufrieron varias interrupciones, quizá por motivos económicos, lo que hace que en el monasterio de Gradefes haya varias etapas. A la primera, de finales del siglo XII y principios del siglo XIII, correspondería la cabecera de la iglesia, la sala capitular y parte del claustro; en el siglo XIV se realizó un amplio transepto que preveía una estructura de tres naves para el cuerpo de la iglesia; en época moderna se construyeron dos únicas naves: la sur y la central en la que en el siglo XVII se hizo el coro.

La iglesia de Gradefes es una excepción dentro de las tipologías planimétricas de edificios cistercienses femeninos. Su novedad radica en la presencia de una girola. En España la tienen cuatro monasterios, todos ellos masculinos, relacionados cronológica y estructuralmente con Gradefes, aunque con disposiciones espaciales más desarrolladas –Moreruela, Veruela, Fitero y Poblet- que, como ha indicado el profesor Bango, constituyen interpretaciones locales e independientes de lo que fue un modelo a imitar -Claraval II-. A éstos podrían añadirse los gallegos de Osera y Melón, pero matizando diferencias en su origen tipológico. La iglesia de Gradefes, a pesar de tener un planteamiento arquitectónico similar al de las anteriores, sin embargo, no necesitaba un número excesivo de capillas por ser una comunidad femenina, de ahí que éstas se reduzcan a tres.

El claustro mantiene la estructura primitiva -arquerías de medio punto volteando sobre pilares- aunque con modificaciones, siendo la panda oeste la única que se transformó por completo en el siglo XVIII. De las dependencias monásticas medievales sólo se conserva la sala capitular en la que destaca, por su originalidad, una entrada constituida por siete vanos, mayor el central, con arcos ligeramente apuntados y apoyados alternativamente en dos o tres columnas. Su construcción debe ser coetánea a la de la cabecera y es quizá la parte del monasterio que tiene mayor unidad.

Todas las Iglesias de la Congregación Cisterciense de S. Bernardo y todas las monjas están consagradas a la bienaventurada Virgen María, Madre y figura de la Iglesia en la fe, en la caridad y en la perfecta unión con Cristo.

Todos los días al final de la jornada la comunidad canta la Salve a la Virgen

…..”¡O clemens, o pía, o dulcis Virgo María!”.

La vida monástica en la Congregación Cisterciense de S. Bernardo está consagrada a Dios y se manifiesta en la unión fraterna, en el Oficio Divino, en la soledad y silencio, en la oración y trabajo y en la disciplina de vida.

Las monjas cistercienses buscan a Dios y siguen a Cristo bajo una Regla, en una comunidad estable, escuela de caridad fraterna.

Se permite un tiempo de compartir fraterno en el cual se cultivará el espíritu de familia, la caridad fraterna y una saludable distensión.

La mesa común significa y fortalece la concordia entre las hermanas. Por eso deben comer todas juntas.

“Siete veces al día te alabé” dice el profeta. Siete veces al día la comunidad se reúne en el coro para cantar las alabanzas al Señor, en las referidas horas de: Vigilias, Laudes, Tertia-Eucaristía, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.

 

 La Eucaristía es manantial y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de las hermanas con Cristo: por eso debe celebrarse diariamente por toda la comunidad.  

 

El fin espiritual de la comunidad se manifiesta especialmente en la celebración litúrgica.

La liturgia de las horas es escuela de oración continua y tarea privilegiada de la vida monástica.

La Congregación es un Instituto Monástico de vida íntegramente ordenado a la contemplación.

Las hermanas se aplican frecuentemente a la oración con ardiente deseo y espíritu de compunción. Estando en la tierra viven con su espíritu en el cielo.

Para llevar una vida de oración y mantener trato íntimo con el Señor es imprescindible vivir en retiro, soledad y silencio.

La soledad es necesaria para la interioridad del propio ser. Favorece el trato a solas con el Señor.

Las hermanas viviendo en la soledad y el silencio, anhelan la quietud interior.

El silencio se considera como uno de los valores monásticos más peculiares de la Congregación: asegura a la hermana la soledad en la comunidad: favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna: abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo: estimula la atención del corazón y la oración solitaria con Dios.

 

Monasterio Santa Maria la Real de Gradefes

Read Full Post »


 El Monasterio de Las Huelgas es muy conocido por su arte, por su historia, por su relevancia social en aquella época y el poder “cuasi episcopal” de las Abadesas; pero ¿han entrado en el fondo del porqué y para qué viven dentro del famoso cenobio las monjas que en él habitan?

 

 

La historia del Monasterio se inicia en 1187, cuando el rey Alfonso VIII y su esposa Leonor, deseosos de convertir este lugar en Panteón de Reyes y digno retiro de gran número de mujeres pertenecientes a la más alta aristocracia y la realeza, consiguieron, gracias al apoyo del Papa Clemente III y del Abad de Citeaux, Guido, llevar adelante una nueva fundación en Burgos, dando lugar al nacimiento del Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. La iniciativa fue muy bien acogida, convirtiéndose pronto en una realidad.

Sin embargo, la idea de Alfonso VIII de hacer de este Monasterio, Cabeza y Matriz de todos los conventos femeninos cistercienses de Castilla y León, iba a traerle serios problemas y gran oposición por parte de los monasterios que ahora Huelgas pretendía poner bajo su control, dado que habían sido fundados con anterioridad. Perales, Gradefes y Cañas fueron los que se mostraron más reticentes con esta nueva fundación, así como aceptar como cabeza rectora a este monasterio recién fundado, teniendo en cuenta que todos debían prestar obediencia, como filiales que eran, al Monasterio de Tulebras, en Navarra, primer monasterio de monjas cistercienses españolas fundado en 1157.

 

 El conflicto será largo y complicado, pero al final el rey conseguirá su propósito y en 1199, además de solucionar el problema, este Monasterio se incorporará a la Orden del Císter, poniéndose bajo la jurisdicción de la abadía de Cîteaux. A partir de estos momentos, las Huelgas constituirá una Congregación compuesta por los monasterios de Torquemada, Gradefes, Carrizo, Perales, San Andrés de Arroyo, Cañas y Fuencaliente, a los que se unieron, con el tiempo, los de Vileña, Villamayor de los Montes, Renuncio, Barría y Avia, siendo un total de doce abadías las afiliadas a este monasterio.

 

 Gozó, desde sus inicios, de la protección de Papas y Reyes, y en él, además de coronarse Alfonso XI y su hijo Enrique de Trastámara, se armaron caballeros Fernando III, Alfonso XI, Pedro I y Juan II.

 

 

 

El deseo de convertirse en un auténtico panteón funerario, no sólo de reyes sino también de nobles, pronto se haría realidad. Así entre los sepulcros más destacados, debemos señalar los del propio fundador, acompañados por sus reinas consortes e infantes de sangre real. Mención especial merecen los sepulcros de don Sancho, hijo de Fernando III el Santo y arzobispo de Toledo; la tumba de doña Blanca de Portugal y de doña Berenguela (hija de los fundadores), así como el sepulcro de don Fernando de la Cerda y de la infanta Leonor.

 

 

 

Grandes fueron los privilegios y donaciones por parte de las más distinguidas instituciones civiles y religiosas. A ello, debemos unir el extraordinario patrimonio económico que logró conseguir, llegando a convertirse en un auténtico señorío material, además de jurídico, asentado sobre un fuero particular que delegó en la abadesa el papel civil y criminal.

 

Tampoco debemos olvidar la autonomía espiritual tan grande que tuvo, y que sólo dependía del Papa, soslayando las atribuciones episcopales, de manera que, aunque como mujer no podía asumir las funciones de celebrar misa, confesar, ni predicar, sin embargo, era ella, la abadesa, la que daba licencias como los mismos obispos. Estos derechos prácticamente conseguirían mantenerse hasta la segunda mitad del siglo XIX al suprimirlos el Papa Pío IX, en 1873, a consecuencia de la Bula “Quae diversa”, promulgada para regularizar la situación de los territorios exentos en España, sometiendo el monasterio y sus filiales a sus respectivos obispos ordinarios del lugar.

 

 

 Ocho siglos han pasado, aunque no en vano, por esta abadía; y así ahora aunque han desaparecido todos sus títulos y sus riquezas materiales, todavía hoy podemos afirmar que el monasterio sigue vivo. En la actualidad son 36 monjas las que constituyen su Comunidad, de las cuales 5 se encuentran en la fundación del Monasterio de Lurín, en Lima (Perú), iniciada a finales de diciembre de 1992. Pertenecen a la Congregación cisterciense de San Bernardo, formada por 23 monasterios.

 

En el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, reside la Abadesa Presidenta de la Congregación, se tienen lugar los Capítulos Generales y se guarda el archivo de la Congregación.

 

  CAPÍTULO GENERAL (Septiembre 2007)

SS.MM. LOS REYES VISITAN A LA COMUNIDAD (Abril 2009) 

 

Lista de Abadesas

1 1187-1190 Ilmª SrªDª MISOL Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
2 1190-1205 Ilmª Srª Dª MARIA GUTIERREZ Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
3 1207-1230 Ilmª Srª Dª SANCHA GARCIEZ Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
4 1231-1238 Ilmª Srª Dª MARIA PEREZ DE GUZMAN Abadesa Perpetua Procedente de Tulebras
5 1240-1253 Ilmª Srª Dª INES LAYNEZ Abadesa perpetua Procedente de Tulebras
6 1254-1260 Ilmª Srª Dª ELVIRA FERNÁNDEZ Abadesa Perpetua  
7 1261-1262 Ilmª Srª Dª EVA Abadesa Perpetua  
8 1262-1266 Ilmª Srª Dª URRACA ALFONSO Abadesa Perpetua  
9 1266-1271 Ilmª Srª Dª URRACA MARTINEZ Abadesa Perpetua  
10 1271-1273 Ilmª Srª Dª URRACA DIAZ Abadesa Perpetua  
11 1273-1287 Ilmª Srª Dª MARIA GUTIERREZ Abadesa Perpetua  
12 1287-1295 Ilmª Srª Dª BERENGUELA LOPEZ Abadesa perpetua  
13 1296-1326 Ilmª Srª Dª URRACA ALFONSO Abadesa Perpetua  
14 1326-1332 Ilmª Srª Dª MARIA GONZALEZ AGÜERO Abadesa Perpetua  
15 1332-1351 Ilmª Srª Dª MARIA RODRIGUEZ DE ROJAS Abadesa Perpetua  
16 1351-1361 Ilmª Srª Dª URRACA FERNANDEZ DE HERRERA Abadesa Perpetua  
17 1361-1367 Ilmª Srª Dª LEONOR FERNANDEZ BARBA Abadesa Perpetua  
18 1368-1380 Ilmª Srª Dª ESTEFANIA DE FUENTE ALMEJÍ Abadesa Perpetua  
19 1380-1396 Ilmª Srª Dª URRCA DE HERRERA Abadesa Perpetua  
20 1397-1430 Ilmª Srª Dª URRACA DIEZ DE OROZCO Abadesa Perpetua  
21 1430-1433 Ilmª Srª Dª JUANA DE ASTUÑIGA Abadesa Perpetua  
22 1433-1436 Ilmª Srª Dª MARIA FERNANDEZ DE SANDOVAL Abadesa Perpetua  
23 1436-1457 Ilmª Srª Dª MARIA DE GUZMAN Abadesa Perpetua  
24 1457-1459 Ilmª Srª Dª MARIA DE ALMENAREZ Abadesa Perpetua  
25 1459-1477 Ilmª Srª Dª JUANA DE GUZMAN Abadesa Perpetua  
26 1477-1486 Ilmª Srª Dª MARIA DE HERRERA Abadesa Perpetua  
27 1486-1499 Ilmª Srª Dª LEOENOR DE MENDOZA Abadesa Perpetua  
28 1499-1525 Ilmª Srª Dª TERESA DE AYALA Abadesa Perpetua  
29 1525-1529 Ilmª Srª Dª LEONOR DE SOSA Abadesa Perpetua  
30 1529-1536 Ilmª Srª Dª LEONOR SARMIENTO Abadesa Perpetua  
31 1536-1539 Ilmª Srª Dª ISABEL DE MENDOZA Abadesa Perpetua  
32 1539-1543 Ilmª Srª Dª MARIA DE ARAGON Abadesa Perpetua  
33 1543-1555 Ilmª Srª Dª ISABEL DE MENDOZA Abadesa Perpetua  
34 1555-1566 Ilmª Srª Dª CATALINA SARMIENTO Abadesa Perpetua  
35 1566-1570 Ilmª Srª Dª INES MANRIQUE DE LARA Abadesa Perpetua  
36 1570-1582 Ilmª Srª Dª FRANCISCA MANRIQUE Abadesa Perpetua  
37 1582-1587 Ilmª Srª Dª LEONOR DE CASTILLA Abadesa Perpetua  
38 1587-1590 Ilmª Srª Dª INES ENRIQUEZ Abadesa Trienal  
39 1590-1593 Ilmª Srª Dª BEATRIZ MANRIQUE Abadesa Trienal  
40 1593-1596 Ilmª Srª Dª JUANA DE AYALA Abadesa Trienal  
41 1596-1599 Ilmª Srª Dª INES ENRIQUEZ Abadesa Trienal  
42 1599-1601 Ilmª Srª Dª JUANA DE AYALA Abadesa Trienal  
43 1601-1604 Ilmª Srª Dª MARIA DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
44 1605-1608 Ilmª Srª Dª FRANCISCA DE VILLAMIZAR CABEZA DE VACA Abadesa Trienal  
45 1608-1611 Ilmª Srª Dª JUANA DE LEYVA Y GUEVARA Abadesa Trienal  
46 1611-1629 Ilmª Srª Dª ANA DE AUSTRIA Abadesa Perpetua  
47 1629-1633 Ilmª Srª Dª ANA Mª MANRIQUE DE LARA Abadesa Trienal  
48 1633-1636 Ilmª Srª Dª CATALINA DE ARELLANO Y ZUÑIGA Abadesa Trienal  
49 1636-1639 Ilmª Srª Dª MAGDALENA ENRIQUEZ MANRIQUE Abadesa Trienal  
50 1639-1641 Ilmª Srª Dª CATALINA DE ARELLANO Y ZUÑIGA Abadesa Trienal  
51 1641-1644 Ilmª Srª Dª FRANCISCA BEAMONT Y NAVARRA Abadesa Trienal  
52 1644-1645 Ilmª Srª Dª ANA Mª DE SALINAS Abadesa Trienal  
53 1645-1648 Ilmª Srª Dª JERONIMA DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
54 1648-1651 Ilmª Srª Dª JERONIMA DE GONGORA Abadesa Trienal  
55 1651-1653 Ilmª Srª Dª ISABEL DE OSORIO Y LEYVA Abadesa Trienal  
56 1653-1656 Ilmª Srª Dª ANTONIA JACINTA DE NAVARRA Abadesa Trienal  
57 1656-1659 Ilmª Srª Dª JERONIMA DE GONGORA Abadesa Trienal  
58 1659-1662 Ilmª Srª Dª ISABEL DE OSORIO Y LEYVA Abadesa Trienal  
59 1662-1665 Ilmª Srª Dª INES DE MENDOZA Abadesa Trienal  
60 1665-1669 Ilmª Srª Dª ISABEL Mª DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
61 1669-1672 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE MENDOZA Y MIÑO Abadesa Trienal  
62 1674-1677 Ilmª Srª Dª ISABEL Mª DE NAVARRA Y DE LA CUEVA Abadesa Trienal  
63 1677-1680 Ilmª Srª Dª INES DE MENDOZA Y MIÑO Abadesa Trienal  
64 1680-1683 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE MENDOZA Y MIÑO Abadesa Trienal  
65 1683-1686 Ilmª Srª Dª FELIPA BERNARDA RAMIREZ DE ARELLANO Abadesa Trienal  
66 1686-1689 Ilmª Srª Dª MELCHORA BRAVO DE HOYOS Y ACEVEDO Abadesa Trienal  
67 1689-1692 Ilmª Srª Dª TERESA ORENSE Y MANRIQUE DAVILA Abadesa Trienal  
68 1692-1696 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
69 1695-1696 Ilmª Srª Dª MELCHORA BRAVO DE HOYOS Y ACEVEDO Abadesa Trienal  
70 1696-1698 Ilmª Srª Dª TERESA ORENSE MANRIQUE Y DAVILA Abadesa Trienal  
71 1698-1701 Ilmª Srª Dª ANA INES DE OSORIO Y MENDOZA Abadesa Trienal  
72 1701-1704 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
73 1704-1707 Ilmª Srª Dª TERESA JOSEFA DE LANUZA Abadesa Trienal  
74 1707-1710 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
75 1710-1711 Ilmª Srª Dª ANA INES DE OSORIO Y MENDOZA Abadesa Trienal  
76 1711-1714 Ilmª Srª Dª TERESA JOSEFA DE LANUZA Abadesa Trienal  
77 1714-1715 Ilmª Srª Dª ANA JERONIMA GUERRERO Y CONTRERAS Abadesa Trienal  
78 1715-1718 Ilmª Srª Dª TERESA BADARAN Y OXINALDE Abadesa Trienal  
79 1718-1720 Ilmª Srª Dª ANA INES DE OSORIO Y MENDOZA Abadesa Trienal  
80 1720-1723 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE VILLAROEL CABEZA DE VACA Abadesa Trienal  
81 1723-1726 Ilmª Srª Dª ANA Mª HELGUERO Y ALVARADO Abadesa Trienal  
82 1726-1729 Ilmª Srª Dª MAGDALENA DE VILLAROEL CABEZA DE VACA Abadesa Trienal  
83 1729-1732 Ilmª Srª Dª ANA Mª HELGUERO Y ALVARADO Abadesa Trienal  
84 1732-1735 Ilmª Srª Dª CLARA ANTONIA HELGUERO Y ALVARADO Abadesa Trienal  
85 1735-1738 Ilmª Srª Dª TERESA BADARN Y OXINALDE Abadesa Trienal  
86 1738-1741 Ilmª Srª Dª ISABEL ROSA DE ORENSE Abadesa Trienal  
87 1741-1742 Ilmª Srª Dª TERESA BADARAN Y OXINALDE Abadesa Trienal  
88 1742-1745 Ilmª Srª Dª LUCIA DE MIOÑO Y SALAMANCA Abadesa Trienal  
89 1745-1748 Ilmª Srª Dª ISABEL ROSA DE ORENSE Abadesa Trienal  
90 1748-1751 Ilmª Srª Dª JOSEFA CARRILLO Y OCAMPO Abadesa Trienal  
91 1751-1754 Ilmª Srª Dª BERNARDA DE HOCES Y CORDOBA Abadesa Trienal  
92 1754-1756 Ilmª Srª Dª JOSEFA CARRILLO Y OCAMPO Abadesa Trienal  
93 1756-1759 Ilmª Srª Dª JOSEFA CLAUDIA DE VERRIO Y VILAROEL Abadesa Trienal  
94 1759-1762 Ilmª Srª Dª BERNRDA DE HOCES Y CORDOBA Abadesa Trienal  
95 1762-1765 Ilmª Srª Dª Mª BENITA DE OÑATE Y SAMANIEGO Abadesa Trienal  
96 1765-1768 Ilmª Srª Dª ROSA ROSALIA DE CHAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
97 1768-1771 Ilmª Srª Dª Mª BENITA DE OÑATE Y SAMANIEGO Abadesa Trienal  
98 1771-1774 Ilmª Srª Dª ANGELA DE HOCES Abadesa Trienal  
99 1774-1777 Ilmª Srª Dª Mª TERESA DE CHAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
100 1777-1780 Ilmª Srª Dª ANA Mª DE ACEDO Y TORRES Abadesa Trienal  
101 1780-1783 Ilmª Srª Dª Mª TERESA DE CAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
102 1783-1786 Ilmª Srª Dª Mª BENITA DE OÑATE Y SAMANIEGO Abadesa Trienal  
103 1786-1789 Ilmª Srª Dª Mª TERESA DE CHAVES Y VALLE Abadesa Trienal  
104 1789-1792 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ORUÑA Abadesa Trienal  
105 1792-1795 Ilmª Srª Dª MARIA RASCON Abadesa Trienal  
106 1795-1798 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ORUÑA Abadesa Trienal  
107 1798-1801 Ilmª Srª Dª MICAELA OSORIO Y ORENSE Abadesa Trienal  
108 1801-1805 Ilmª Srª Dª FRANCISCA MONTOYA CARCEDO Y MIOÑO Abadesa Trienal  
109 1812-1815 Ilmª Srª Dª BERNARDA ORENSE Abadesa Trienal  
110 1815-1818 Ilmª Srª Dª LORENZA ORENSE Abadesa Trienal  
111 1818-1821 Ilmª Srª Dª Mª MANUELA DE LIZANA Abadesa Trienal  
112 1821-1824 Ilmª Srª Dª Mª FRANCISCA DE LOS RIOS Abadesa Trienal  
113 1824-1827 Ilmª Srª Dª Mª TOMASA ORENSE RABAGO Abadesa Trienal  
114 1827-1830 Ilmª Srª Dª Mª LORENZA ORENSE Abadesa Trienal  
115 1830-1833 Ilmª Srª Dª Mª TOMASA ORENSE RABAGO Abadesa Trienal  
116 1833-1836 Ilmª Srª Dª Mª BENITA RASCON Abadesa Trienal  
117 1836-1839 Ilmª Srª Dª Mª MANUELA MONTOYA Abadesa Trienal  
118 1839-1844 Ilmª Srª Dª Mª BENITA RASCON Abadesa Trienal  
119 1844-1847 Ilmª Srª Dª MªTERESA BONIFAZ Y BUSTAMANTE Abadesa Trienal  
120 1847-1850 Ilmª Srª Dª Mª MANUELA MONTOYA Abadesa Trienal  
121 1850-1853 Ilmª Srª Dª Mª CONCEPCION CASILDA ROZAS Y MEDINA Abadesa Trienal  
122 1853-1856 Ilmª Srª Dª Mª JOAQUINA CALDERON Y ANGULO Abadesa Trienal  
123 1856-1858 Ilmª Srª Dª Mª ROSARIO TAGLE Y CACHO Abadesa Trienal  
124 1858-1861 Ilmª Srª Dª Mª ANTONIA GONZALEZ AGÜERO Abadesa Trienal  
125 1861-1864 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA CALRA RUIZ PUENTE Abadesa Trienal  
126 1864-1867 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA TAGLE Y QUEVEDO Abadesa Trienal  
127 1867-1870 Ilmª Srª Dª Mª BENITA RODRIGUEZ MACHO Abadesa Trienal  
128 1870-1876 Ilmª Srª Dª Mª PILAR UGARTE Y CORTES Abadesa Trienal  
129 1876-1879 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA TAGLE Y QUEVEDO Abadesa Trienal  
130 1879-1883 Ilmª Srª Dª Mª PILAR UGARTE Y CORTES Abadesa Trienal  
131 1883-1884 Ilmª Srª Dª MARIA RUIZ PUENTE Abadesa Trienal  
132 1884-1887 Ilmª Srª Dª Mª BERNARDA TAGLE Y QUEVEDO Abadesa Trienal  
133 1887-18890 Ilmª Srª Dª Mª VIRTUDES VELARDE Y OCAMPO-HERRERA Abadesa Trienal  
134 1890-1894 Ilmª Srª Dª Mª ANGELES FERNANDEZ GRANDE Abadesa Trienal  
135 1894-1897 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
136 1897-1900 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
137 1900-1903 Ilmª Srª Dª Mª NICOLASA RUIZ PUENTE Y MERINO Abadesa Trienal  
138 1903-1907 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
139 1907-1910 Ilmª Srª Dª Mª FILOMENA DORRONSORO Y ZUAZOLA Abadesa Trienal  
140 1910-1915 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARMBURU Abadesa Trienal  
141 1915-1916 Ilmª Srª Dª Mª GLORIA CALDERON Y CADIÑAOS Abadesa Trienal  
142 1916-1919 Ilmª Srª Dª Mª TERESA ZABARCE Y ARAMBURU Abadesa Trienal  
143 1919-1922 Ilmª Srª Dª Mª GLORIA CALDERON Y CADIÑANOS Abadesa Trienal  
144 1922-1925 Ilmª Srª Dª Mª GLORIA CALDERON Y CADIÑANOS Abadesa Trienal  
145 1925-1928 Ilmª Srª Dª Mª FILOMENA DORRONSORO ZUAZOLA Abadesa Trienal  
146 1929-1932 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
147 1932-1935 Ilmª Srª Dª MARIA REY BOADA Abadesa Trienal  
148 1935-1938 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
149 1938-1941 Ilmª Srª Dª Mª AMPARO ABAD MEDINA Abadesa Trienal  
150 1941-1944 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
151 1944-1947 Ilmª Srª Dª Mª ESPERANZA DE MALLAGARAY Y ARTIZARAN Abadesa Trienal  
152 1947-1972 Ilmª Srª Dª Mª ROSARIO DIAZ DE LA GUERRA    
153 1973-1996 Ilmª Srª Dª PRESENTACION BALBAS MIGUEL    
154 1996- Ilmª Srª Dª MERCEDES AMUTIO LACALLE    

 

 

 Espiritualidad

 

La vida monástica en la Congregación Cisterciense de San Bernardo está consagrada a Dios y se manifiesta en la unión fraterna, en la soledad y silencio, en la oración y trabajo, y en la disciplina de vida.

 

 

 

 ORACIÓN (Ora)

 – “Opus Dei”. La Comunidad celebra la Liturgia de las Horas, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por el mundo entero.

– “Lectio divina”. La lectura asidua y reposada de la Palabra de Dios, escuchada y meditada, es fuente de oración y escuela de contemplación, en la que la monja dialoga con Dios de corazón a corazón.

 

 El SILENCIO se considera como uno de los valores monásticos más peculiares de la Congregación, asegura a la monja la soledad en la comunidad; favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna; abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo; estimula la atención y la oración solitaria con Dios.

 

 

 

 TRABAJO (Labora)

 

El trabajo procura la subsistencia a las monjas y a otras personas, especialmente a los pobres.

 

Nuestro trabajo consiste en:

– Decoración de porcelana

 – Rosarios

– Lavandería para hoteles

 

   FRATERNIDAD

Se permite un tiempo de compartir fraterno en el cual se cultiva el espíritu de familia, la caridad y una saludable distensión.

 

 HOSPITALIDAD

Mediante la acogida en la hospedería se ofrece un ambiente de paz y de silencio para todas aquellas personas que deseen unos días de oración y de reflexión.

 

 

 

 Monasterio de Santa Maria la Real de las Huelgas

Read Full Post »


Tre Fontane

… y subí después a un desvencijado ómnibus que ascendía por una carretera hacia una hondonada poco profunda de un valle de la colinas bajas del Tíber, al monasterio trapense de Tre Fontane. Entré en la antigua iglesia, oscura y austera, y me gustó. Anduve arriba y abajo en la tarde silenciosa, bajo los eucaliptos, y el pensamiento crecía dentro de mí: “Quisiera hacerme monje trapense”… Thomas Merton, La montaña de los siete círculos, p 175. ISBN: 84-350-0320-5

  1. http://www.abbaziatrefontane.com/main.html 

Read Full Post »


Read Full Post »

Older Posts »